El equipo de internos de la cárcel Tenerife II se proclama campeón de liga de fútbol sala

El equipo de internos de la cárcel Tenerife II se proclama campeón de liga de fútbol sala

Recurso: El Día

El equipo «El Rosario – Proyecto Ganar», formado por internos del Centro Penitenciario Tenerife II, se ha proclamado campeón de liga de fútbol sala, consolidando el deporte como una herramienta clave para la reinserción social y la normalización dentro del entorno carcelario.

El deporte como mecanismo de transformación social ha encontrado en el Centro Penitenciario Tenerife II un caso de estudio paradigmático. Tal y como ha trascendido recientemente, el equipo «El Rosario – Proyecto Ganar», integrado íntegramente por personas privadas de libertad, ha logrado alzarse con el título de liga en el Grupo 1 de la Preferente de fútbol sala, la categoría base de la federación insular. Este éxito deportivo, más allá de la estadística, subraya la eficacia de las políticas de reinserción que utilizan la disciplina física como vehículo para la adquisición de competencias sociales y el control emocional.

La singularidad de este proyecto radica en su logística operativa: al disputarse la totalidad de los encuentros dentro del recinto penitenciario, la dinámica competitiva obliga a una interacción constante entre la población reclusa y los clubes externos. Este flujo de personas, que requiere superar protocolos de seguridad, ha servido para desmitificar la realidad carcelaria ante los deportistas visitantes, transformando el terreno de juego en un espacio de normalización. Según los responsables del área deportiva del centro, Fernando Pérez y David González Reyes, la competición ha funcionado como un catalizador de valores, donde el respeto y la gestión de la frustración han prevalecido sobre el resultado numérico.

El equipo, que comenzó su andadura hace dos años bajo el amparo del Proyecto Ganar del Gobierno de Canarias, ha tenido que sortear la inestabilidad propia de un entorno penitenciario, donde la plantilla fluctúa debido a traslados, concesiones de tercer grado o puestas en libertad. A pesar de esta rotación constante, el grupo ha mantenido una cohesión notable, logrando ser el conjunto más anotador del torneo y contando con el máximo goleador de la categoría, N.G.A. La gestión del vestuario, delegada en ocasiones en los propios internos con formación técnica, ha sido clave para canalizar las tensiones inherentes a la vida en prisión.

Desde una perspectiva sociológica, este hito deportivo trasciende el ámbito recreativo. La ausencia de sanciones disciplinarias y el comportamiento ejemplar de los jugadores durante la temporada avalan la tesis de que el deporte estructurado facilita la reinserción. Para los internos, el entrenamiento diario no solo supone una válvula de escape, sino una rutina que dota de propósito a su estancia en el centro. La implicación de diversos colectivos, incluidas las mujeres privadas de libertad que han consolidado una grada habitual, refuerza la dimensión inclusiva de una iniciativa que, en última instancia, busca preparar al individuo para su retorno a la sociedad con herramientas de convivencia más sólidas.