La Ópera de Tenerife estrena una visión contemporánea de 'El castillo de Barbazul'

La Ópera de Tenerife estrena una visión contemporánea de 'El castillo de Barbazul'

Recurso: Diario de Avisos

La Ópera de Tenerife estrena los días 25 y 26 de abril una innovadora producción de El castillo de Barbazul de Béla Bartók, que bajo la dirección de Pedro Chamizo propone una lectura contemporánea centrada en la identidad de género y la introspección psicológica.

La Ópera de Tenerife ha programado para finales de este mes una nueva producción de El castillo de Barbazul, la única incursión en el género lírico del compositor húngaro Béla Bartók. Tal y como recoge la información publicada recientemente, el Auditorio de Tenerife acogerá este montaje los días 25 y 26 de abril, bajo la dirección musical de Jordi Francés y la propuesta escénica de Pedro Chamizo.

Esta revisión del clásico de 1918, que cuenta con la participación de la Sinfónica de Tenerife, desplaza el eje narrativo hacia una lectura contemporánea centrada en la identidad de género. En el reparto vocal, la mezzosoprano Deirdre Angenent encarna a Judit, mientras que el barítono José Antonio López asume el rol titular. La puesta en escena integra, además, una dimensión narrativa a cargo de la actriz Celeste González, quien estará acompañada por las intérpretes Ylenia de Luis, Adriana Cortés y Sobeida Gómez.

El enfoque de Chamizo, según ha trascendido, se aleja de la iconografía tradicional de las llaves y las puertas para convertir el libreto de Béla Balázs en un ejercicio de introspección psicológica. La propuesta busca despojar a la obra de su pátina histórica para conectar con las inquietudes del espectador actual, planteando el castillo no como un espacio físico, sino como una metáfora de la lucha interna por la autenticidad y la aceptación personal.

Desde una perspectiva técnica, el montaje destaca por su fuerte componente estético, integrando la videocreación y el diseño de iluminación bajo una visión global del director. Esta apuesta por la renovación dramatúrgica responde a la voluntad de la institución de atraer a nuevos públicos, desmitificando la percepción de la ópera como un formato inaccesible. La inclusión de un prólogo interpretado por una actriz trans subraya el compromiso del equipo artístico con la visibilidad del colectivo LGTBIQ+ en un contexto social donde la defensa de estos derechos sigue siendo un eje de debate fundamental.

La producción se presenta, en última instancia, como una oportunidad para explorar la condición humana a través de un lenguaje escénico que busca la conexión emocional directa con el espectador, transformando la partitura de Bartók en un vehículo para reflexionar sobre la identidad y la búsqueda de uno mismo.