Chinyero: 116 años de la erupción que marcó Tenerife y se convirtió en la primera gran crónica volcánica de Canarias

Chinyero: 116 años de la erupción que marcó Tenerife y se convirtió en la primera gran crónica volcánica de Canarias

Recurso: Diario de Avisos

Hace 116 años, la erupción del volcán Chinyero en Tenerife, documentada extensamente por la prensa y la ciencia, transformó el paisaje sin causar víctimas mortales.

Hace 116 años, la tierra tembló y el volcán Chinyero entró en erupción en Tenerife, dejando una huella imborrable en la isla.

El 18 de noviembre de 1909, la tierra se abrió en el noroeste de la isla, dando inicio a una erupción que duró solo once días.

El año ya había estado marcado por pequeños terremotos que inquietaron a los pueblos cercanos. Finalmente, el volcán, situado entre Santiago del Teide, El Tanque e Icod de los Vinos, expulsó lava y ceniza. La erupción, de tipo estromboliano, transformó el paisaje y quedó grabada en la ciencia y en la memoria de la gente.

El sonido seco y repetido que precedió a la erupción sembró el pánico entre los vecinos.

La noticia corrió como la pólvora, llegando a los periódicos locales, nacionales e incluso europeos.

El gobierno español envió al geólogo Lucas Fernández Navarro, catedrático de la Universidad de Madrid, para estudiar el fenómeno. Su informe, publicado en los "Anales de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas", es un testimonio detallado de la magnitud del evento.

Fernández Navarro escribió: "A mediados de noviembre de 1909, los periódicos informaban de una erupción volcánica de gran importancia en Tenerife... Era un fenómeno natural interesante en territorio español, y era necesario observarlo y estudiarlo".

La erupción abrió una grieta de unos 2,5 kilómetros con al menos nueve bocas activas. En pocos días, la actividad se concentró en dos de ellas, desde donde fluyeron coladas de lava hacia el suroeste.

El geólogo describió cómo "la actividad se mantuvo casi constante, salvo un repunte el día 26, como si el volcán hiciera un último esfuerzo antes de dar por terminada la erupción".

Las coladas recorrieron kilómetros, arrasando pinares, matorrales y cultivos, pero afortunadamente no llegaron a destruir pueblos ni causar víctimas. Fernández Navarro señaló: "La duración del fenómeno ha sido, por consiguiente, muy corta, algo que probablemente ha ocurrido en la formación de todas las montañas volcánicas de la isla".

Aunque las coladas amenazaron zonas habitadas como Valle de Arriba, Las Manchas y El Tanque, no hubo que lamentar víctimas mortales. Sin embargo, sí hubo pérdidas agrícolas, daños en infraestructuras rurales y evacuaciones preventivas.

Gracias a la prensa de la época, el Chinyero se convirtió en el primer volcán canario cuya erupción fue documentada extensamente. Además, fue la primera erupción en Canarias de la que se conservan imágenes filmadas.

En aquellos tiempos, sin comunicaciones modernas, las palomas mensajeras fueron cruciales para informar sobre la evolución de la erupción. La información viajaba desde los palomares cercanos hasta Santa Cruz, donde los periódicos actualizaban la situación.

El Chinyero y su entorno fueron declarados Paisaje Protegido en 1994 y forman parte del Parque Natural de la Corona Forestal desde 2007.

Sus coladas solidificadas, conos de escoria y depósitos piroclásticos se conservan casi intactos, un testimonio geológico de una erupción que expulsó cerca de 12 millones de metros cúbicos de lava.

El Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) sigue estudiando esta zona, destacando su importancia como ejemplo de erupción reciente en una isla con alto riesgo volcánico. Los municipios de Santiago del Teide y Guía de Isora conmemoran cada año este evento con diversas actividades.

Este año, las celebraciones por los 116 años de la erupción incluyen una rogativa en caravana que parte de la iglesia de Santa Ana, en Tamaimo, con paradas en la ermita de la Virgen del Pilar y en el Calvario de Las Manchas. Las crónicas recuerdan cómo los vecinos, asustados, recorrieron kilómetros hasta las coladas del volcán portando imágenes religiosas.

En Guía de Isora, la Virgen de la Luz también encabezó las plegarias. Poco después, la erupción cesó.

"Se cuenta que, poco después, la lava detuvo su avance de forma inexplicable. Desde entonces, la procesión se repite cada año".

Aunque ya no queda nadie vivo que presenciara la erupción, su relato perdura, transmitido de generación en generación. A mediados de noviembre, la memoria colectiva revive aquel día que muchos describieron como "el fin del mundo".

De vez en cuando, las entrañas de las islas nos recuerdan su fuerza.