
Investigan a un hombre en Tenerife por usar un GPS para acosar a su expareja
La Guardia Civil investiga a un hombre en Tenerife por acosar a su expareja mediante la instalación de un localizador GPS en su vehículo, un caso que evidencia el uso de tecnología para ejercer violencia de género.
La irrupción de la tecnología de consumo en el ámbito de la violencia de género ha abierto un nuevo frente en la seguridad de las víctimas, donde el control digital se convierte en una herramienta de coacción. Tal y como ha trascendido a través de las diligencias instruidas por la Guardia Civil en Tenerife, un hombre está siendo investigado por el uso de un localizador GPS para monitorizar a su expareja, un caso que ilustra la sofisticación del acoso en el entorno doméstico contemporáneo.
El hallazgo fue posible gracias a las medidas de seguridad integradas en los sistemas operativos de los teléfonos inteligentes, que alertaron a la mujer sobre la presencia de un dispositivo de seguimiento ajeno en su proximidad inmediata. Tras recibir esta notificación, la afectada realizó una inspección minuciosa de su automóvil, logrando hallar el aparato oculto en el soporte de la placa de matrícula.
Tras interponer la denuncia en el cuartel de Güímar, el caso fue derivado al Equipo de Violencia sobre la Mujer (Viogen) de la Compañía de Santa Cruz de Tenerife. La labor de los investigadores permitió vincular el dispositivo con el sospechoso, quien había mantenido una relación sentimental previa con la denunciante. Las actuaciones han sido remitidas a un juzgado especializado en violencia de género de la capital tinerfeña, el cual ha dictado una orden de alejamiento como medida cautelar frente al presunto delito de acoso.
Este suceso pone de relieve la creciente preocupación de las fuerzas de seguridad ante el uso malintencionado de dispositivos de geolocalización, un fenómeno que complica la protección de las víctimas al permitir un control constante y silencioso de sus rutinas. La legislación española, a través del Código Penal, contempla el acoso —o stalking— como una conducta delictiva que menoscaba gravemente la libertad de la persona, una realidad que se ve agravada cuando el agresor utiliza medios técnicos para vulnerar la intimidad y la seguridad de su expareja.