
Cuevas de Santa Cruz: Hogar improvisado y abandono para personas sin hogar con problemas mentales.
Un hombre sin hogar con problemas mentales vive en una cueva en Tenerife, donde denuncia falta de apoyo social a pesar de la existencia de recursos y leyes que permitirían su asistencia.
Juan Manuel lleva 16 años viviendo en una de las cuevas del barranco de Santos, en Santa Cruz. No está solo, otras ocho personas viven allí, la mayoría extranjeros, que han convertido estas cuevas en sus casas improvisadas.
Cada uno cuida su propio espacio. Juan Manuel comparte su cueva con Manuel, un amigo de Tenerife con quien vive desde hace 13 años. Manuel le ayuda con el dinero que recibe de la renta mínima, por si Juan Manuel se pone enfermo o necesita comida.
Juan Manuel tiene 41 años y es una de las muchas personas sin hogar con problemas de salud mental que viven en las calles de la ciudad. Nació en Galicia y llegó a Tenerife hace casi 20 años buscando trabajo. Sin familia, empezó a trabajar como aparcacoches, pero se juntó con malas compañías y empezó a consumir drogas.
Manuel cuenta que cuando conoció a Juan Manuel, él estaba bien, "era una persona normal. Pero le vendían pastillas y morfina, y si no pagaba, le pegaban en el aparcamiento. Eso lo volvió loco y empezó a meterse con la gente, hasta que un día destrozó varios coches y lo metieron en la cárcel un año".
Después de la cárcel, Juan Manuel volvió a la cueva. Pidió una ayuda por el tiempo que estuvo en prisión y por su problema mental, pero no recibe nada. "Lleva más de tres años sin dinero. Al principio le dieron las ayudas, pero luego se las quitaron sin saber por qué. Yo soy pobre y cobro la renta mínima, pero siempre que puedo le ayudo", dice Manuel.
Manuel también se queja de que la Unidad Móvil de Acercamiento (UMA), del Ayuntamiento, no ayuda a Juan Manuel, solo le dan una tarjeta para comida. "Hemos pedido ayuda en su nombre, porque no es justo que a otros les den cosas y a él nada. Necesita un sitio para vivir, un piso donde le den ayuda médica, porque muchas noches se despierta gritando y sale corriendo, a veces desnudo. Me da mucha pena".
Charín González, responsable del IMAS (el organismo del Ayuntamiento que se encarga de estos temas), dice que "la UMA está trabajando con él para ver cómo ayudarle, pero no colabora mucho con los servicios sociales. Si la persona no quiere ayuda, no podemos hacer nada". También explica que "hay un plan para ayudarle, como con otros casos, pero no significa que se haga lo que él quiera, sino lo que los profesionales creen que es mejor. Así que sí, tiene un plan de ayuda".
González insiste en que "es difícil ayudar a personas sin hogar con problemas mentales. Tenemos un equipo y recursos, pero a veces hay problemas con los papeles y las leyes que nos impiden ayudarles. Hay que cambiar las leyes para poder solucionar este problema". Recuerda que "a veces tenemos que pedir permiso a los jueces para ayudar a estas personas que no están bien de la cabeza. Si no quieren ayuda y los jueces no nos dan permiso, no podemos obligarles".
El grupo Acampada Reivindicativa Lolo Dorta denuncia que las personas sin hogar con problemas de salud mental en Tenerife están "abandonadas". Dicen que el caso de Francisco, del que ya habló DIARIO DE AVISOS, es el más grave de todos.
Según este grupo, "los servicios sociales del Ayuntamiento dicen que no pueden actuar porque no tienen permiso, pero hay tres leyes que sí lo permiten, dos de ellas sin necesidad de permiso judicial: el artículo 9.2 de la Ley de Autonomía del Paciente, que permite a un médico llevar a una persona a un hospital sin permiso del juez; el artículo 6, o) 1 y 2, de la ley de Ordenación Sanitaria de Canarias, que permite quitar a una persona de la calle si está en peligro; y el artículo 763 de la ley de Enjuiciamiento Civil".
Añaden que "con esto se ve que el problema no es la ley, y que el alcalde, José Manuel Bermúdez, miente, a sabiendas o no, cuando dice que no puede ayudar a las personas sin hogar con problemas mentales".
"El alcalde no puede solo llamar a la policía o darles comida. Hay que actuar antes, con programas de vivienda, ayuda profesional, atención médica y equipos que trabajen en la calle. Si no, llegaremos cuando sea demasiado tarde", afirman.