
Tenerife destina tres millones de euros para salvar quince especies en peligro de extinción
El Cabildo de Tenerife ha activado un plan de choque de tres millones de euros para proteger quince especies en peligro de extinción frente a la amenaza de especies invasoras y la actividad humana.
La preservación del patrimonio natural de Tenerife atraviesa un momento crítico, marcado por la vulnerabilidad de quince especies de flora y fauna que se encuentran al borde de la desaparición definitiva. Tal y como recoge la información difundida recientemente sobre la gestión ambiental en la isla, la administración insular ha activado un plan de choque dotado con tres millones de euros para contener el deterioro de sus ecosistemas más singulares, un esfuerzo que pone de manifiesto la fragilidad de un territorio donde la pérdida de un solo ejemplar supone un daño irreversible para la biodiversidad global.
El diagnóstico técnico apunta a una convergencia de factores antrópicos como los principales catalizadores de este declive. La proliferación de especies invasoras, tanto animales como vegetales, ha alterado las dinámicas biológicas de hábitats que, debido a su aislamiento geográfico, carecen de mecanismos de defensa frente a depredadores introducidos o competidores foráneos. En este sentido, la consejera de Medio Natural, Blanca Pérez, ha subrayado la necesidad de intensificar las labores de erradicación de ejemplares exóticos y el refuerzo de la producción de flora local en viveros forestales, una estrategia que busca restaurar el equilibrio en las áreas protegidas.
El impacto de la actividad humana se manifiesta con especial crudeza a través del abandono de animales domésticos. La presencia de perros y gatos en entornos silvestres no solo constituye una infracción administrativa, sino que se ha convertido en una amenaza directa para la supervivencia de especies endémicas, como el lagarto gigante de Tenerife o diversas aves que anidan en el suelo. A esta problemática se suma la introducción negligente de mascotas exóticas —desde reptiles hasta mamíferos— y la plantación de especies vegetales foráneas, acciones que, a menudo motivadas por el desconocimiento, terminan por desplazar a la vegetación autóctona y simplificar la complejidad de los ecosistemas insulares.
Más allá de la inversión económica y las medidas de control, el Cabildo de Tenerife insiste en que la protección de este legado natural requiere un cambio en la conducta ciudadana. La normativa vigente contempla sanciones para quienes contravengan las leyes de protección ambiental, pero los expertos advierten que la concienciación es la única vía para frenar una degradación que, de no corregirse, comprometerá la identidad ecológica de la isla. La lucha por la supervivencia de especies emblemáticas, como el pinzón azul o el cardo de plata, se erige así en un termómetro de la responsabilidad colectiva frente a un entorno que, por su singularidad, no admite errores de gestión.