
El Cabildo de Tenerife impondrá una tasa de acceso a los no residentes en El Pijaral para frenar la saturación turística
El Cabildo de Tenerife implementará una tasa de acceso para visitantes no residentes en El Pijaral, extendiendo su estrategia de control de aforos para proteger los espacios naturales de la isla ante la creciente presión turística.
La gestión de los espacios naturales en Tenerife atraviesa un punto de inflexión. Según ha trascendido recientemente, el Cabildo insular ha decidido incorporar a El Pijaral, en el macizo de Anaga, a su red de enclaves sujetos a una tasa de acceso para visitantes no residentes. Esta medida, que busca mitigar el impacto de la afluencia masiva sobre ecosistemas de alto valor ecológico, se enmarca en una estrategia más amplia de control de aforos que ya afecta a una cuarentena de localizaciones en la isla.
La presión turística, que alcanzó los 7,5 millones de visitantes en 2025, ha forzado a la administración insular a intensificar las restricciones. En el caso concreto de El Pijaral, un paraje de laurisilva que registra una demanda constante durante todo el año y que superó los 31.000 senderistas en el último ejercicio, la gratuidad actual dejará paso a un modelo de pago. Esta política de contención ya se aplica en otros puntos críticos como el barranco de Masca, el barranco del Infierno —gestionado mediante concesión privada— y los senderos de acceso al pico del Teide, donde se han consolidado tarifas diferenciadas para residentes y foráneos, situadas habitualmente en los 15 euros para estos últimos.
La consejería de Medio Natural defiende la eficacia de este sistema, argumentando que la combinación de autorizaciones previas —gestionadas a través de la plataforma digital Tenerife On— y el gravamen económico actúa como un mecanismo disuasorio necesario para preservar un territorio donde más de la mitad de la superficie cuenta con algún grado de protección ambiental. El objetivo es reducir la saturación, un problema especialmente visible en Anaga, donde la congestión del tráfico rodado ha generado tensiones con los residentes locales, motivando la búsqueda de alternativas como el transporte colectivo mediante lanzaderas.
El despliegue de estas medidas no se limita al senderismo. La administración también está reordenando el uso de las 15 zonas de acampada habilitadas, donde se detectó una práctica irregular de reservas múltiples que bloqueaba el acceso a otros usuarios, y está proyectando nuevas infraestructuras para el turismo de caravanas en puntos como Pinalito y El Médano, ante el notable incremento de este perfil de viajero.
Paralelamente, el Cabildo mantiene bajo regulación otras actividades de riesgo o especial impacto, como el barranquismo en Los Carrizales, Lomo Morín, Chimoche y Los Arcos, así como la escalada en el risco de Guaria y El Roquito. Con la ampliación de este modelo, Tenerife busca equilibrar la explotación de su patrimonio natural con la sostenibilidad a largo plazo, tratando de evitar que la popularidad de sus paisajes en las redes sociales derive en un deterioro irreversible de su biodiversidad.