
El 80% de los centros de salud del sur de Tenerife sufre fallos en su climatización
El 80% de los centros de salud del sur de Tenerife presenta deficiencias en sus sistemas de climatización, lo que ha llevado a la administración a destinar 1,4 millones de euros para modernizar unas infraestructuras obsoletas que sufren el impacto de las olas de calor.
La precariedad de las infraestructuras sanitarias en el sur de Tenerife ha quedado expuesta tras las recientes olas de calor, revelando una deficiencia estructural en la climatización de los centros de salud de la comarca. Tal y como recoge una investigación publicada por Diario de Avisos, el 80% de la treintena de instalaciones analizadas en once municipios presenta fallos, carencias o una operatividad parcial en sus sistemas de refrigeración, una situación que compromete tanto el bienestar de los pacientes como las condiciones laborales del personal sanitario.
Este escenario pone de relieve un problema de obsolescencia en la red de atención primaria. La Gerencia de Atención Primaria ha justificado la situación señalando que gran parte de estos edificios fueron construidos sin prever sistemas de ventilación mecánica, lo que complica su adaptación técnica actual. Ante este diagnóstico, la administración ha anunciado una partida presupuestaria de 1,4 millones de euros destinada a la modernización progresiva de los centros, una medida que busca paliar un déficit que, en casos extremos como el de Arona, ha derivado en desmayos de usuarios en salas de espera donde la sensación térmica supera los 30 grados.
El mapa de incidencias es heterogéneo. Mientras que municipios como Candelaria y Arico —donde además se ejecutan obras de mejora— mantienen sus instalaciones operativas, otros puntos geográficos presentan un panorama crítico. En Arona, la falta de climatización es generalizada en centros como el de Arona Casco, Buzanada y Cabo Blanco, obligando al uso de ventiladores y equipos portátiles. Situaciones similares se replican en los consultorios de Fasnia, el centro periférico de Granadilla, el consultorio de Puerto Santiago o las instalaciones de Güímar, El Escobonal y El Puertito.
En otros casos, la operatividad es fragmentaria. En el Hospital de El Mojón, las deficiencias se concentran en habitaciones y salas de espera; en Las Galletas, el fallo se limita a las consultas; y en localidades como Chío, El Médano o Tamaimo, el sistema funciona de manera desigual, dejando áreas administrativas o de espera sin cobertura. Por su parte, Adeje mantiene sus centros del casco y Armeñime sin un funcionamiento óptimo, mientras que en San Miguel de Abona, la presión vecinal ha forzado al consistorio a intervenir directamente en el centro de salud de Guargacho para instalar nuevos equipos.
Este fenómeno no es solo una cuestión de confort, sino que plantea un desafío sobre la gestión de los servicios públicos en un contexto de cambio climático. La dependencia de soluciones temporales, como el uso de ventiladores o aparatos portátiles, evidencia la urgencia de una planificación que garantice la habitabilidad de los espacios sanitarios, especialmente en una zona donde las temperaturas extremas son cada vez más frecuentes durante los meses estivales. La disparidad en el estado de los centros refleja, en última instancia, la necesidad de una inversión sostenida que permita actualizar una red que, en muchos casos, no responde a los estándares de eficiencia y seguridad exigibles en la actualidad.