Las Portelas: El verde corazón de la tradición en Teno.

Las Portelas: El verde corazón de la tradición en Teno.

Recurso: El Día

La familia León Martín, con Rosa y su nieto Daniel, representa la arraigada tradición y la tranquila vida rural del caserío tinerfeño de Las Portelas.

Desde el gran ventanal de la casa de Rosa Martín Díaz se puede ver casi todo el barrio. Las Portelas está dividido en dos, algo que le importa mucho a su nieto, Daniel León León. "Está Las Portelas arriba y Las Portelas abajo", explica este joven de Buenavista, que decidió quedarse en la tranquilidad de su tierra natal y cerca de sus raíces, lejos del ajetreo turístico del sur de Tenerife. "Un día fui al Sur con mi madre para unas gestiones y qué va. Eso no es para mí", añade entre risas con su abuela y su madre, Delia León Martín.

En Las Portelas, en pleno Parque Rural de Teno, el tiempo parece detenerse. El caserío luce un verde intenso gracias a las abundantes lluvias de este invierno. Detrás del balcón acristalado de la casa de Rosa, hay un pequeño sofá. Es un rincón acogedor que invita a sentarse, charlar y tomar un café. A sus 88 años, Rosa se acomoda en el sillón y cruza las piernas con agilidad. Es menuda, pero su sonrisa la hace grande. Mira con cariño a su nieto: "A él lo crié yo como si fuera mi hijo", confiesa. La genética no miente: los tres tienen los ojos claros, de un color que llaman 'verde Las Portelas'.

La familia León Martín es sinónimo de tradición. En Buenavista del Norte, se les conoce como el corazón de Las Portelas. El marido de Rosa, Alberto, más conocido como 'El rubio', falleció hace tres años, y a ella todavía se le saltan las lágrimas al recordarlo. "Era muy conocido y querido por todo el mundo", dice con orgullo. 'El rubio' sigue presente en las paredes del barrio en un mural. En 2025 se le rindió homenaje, entre otras cosas, por ceder siempre la huerta donde el barrio celebra la siembra de la papa a principios de cada año.

Las Portelas es un paso obligado para los senderistas. Durante la mañana, se ven varios grupos, todos extranjeros, subiendo la empinada cuesta de la calle principal del barrio, en dirección a la zona de Bolico. Allí se encuentra el albergue, un verdadero oasis para pasar unos días rodeado de laurisilva. Hay dos rutas circulares en la zona, una corta y otra larga, que también conectan con otros caminos que llevan a la vertiente sur de Tenerife.

La tranquilidad es la protagonista en Las Portelas. Viven unas 150 personas, y pocos son jóvenes. Daniel los enumera, señalando dónde vive cada uno, y explica uno de los mayores problemas del lugar: "Aquí, si no tienes coche, todo es muy complicado". La guagua pasa de camino a Masca, pero las frecuencias son escasas si no se coge expresamente para bajar el barranco, que ha sido regulado recientemente.

En cuanto a los servicios, hay "un buen médico todos los días", aclara Rosa, y un supermercado, pero en El Palmar, a unos diez minutos en coche. Además, Las Portelas puede presumir del Mesón del Norte, uno de los restaurantes de Tenerife donde se puede disfrutar de carne a la brasa de calidad.

Gracias a este restaurante, mucha gente sitúa Las Portelas en el mapa. La visita para comer rompe la calma habitual del barrio, al igual que la comisión de fiestas. La celebración en honor a la Virgen del Carmen y a Santo Domingo de Guzmán tiene lugar a finales de agosto. Aunque son fechas de calor, la familia asegura al unísono que en los últimos años "ha hecho malísimo tiempo", mientras que, casi a finales de diciembre, el sol luce espléndido.

El grupo que organiza las fiestas de Las Portelas abre el centro cultural del barrio todos los días, de 16:00 a 20:00 horas. "Por eso hay algo de movimiento aquí. Gracias a la comisión, la gente tiene dónde ir por las tardes", asegura Delia. "Allí juegan al dominó o se van a tomar algo después de las misas", añade Daniel. "Si no, no habría ni dónde comprar una caja de fósforos", apunta la abuela con una serenidad asombrosa, a pesar de la broma.

"Antes sí había más gente aquí y criábamos vacas o cabras. Ya no queda ni un animal de esos. Solo quedan dos cabras", lamenta Rosa. Al hablar de esto, Daniel recuerda que de niño siempre 'bajaba' los animales a San Antonio Abad, en el casco de Buenavista del Norte, una tradición ganadera que heredó de su abuelo. Ahora ya no tiene animales que llevar.

Aunque la vida de Rosa en el campo fue a veces dura, la echa de menos. "Uno también salía y lo pasaba bien. La gente en esos lomos cantando y hablando, se reía", cuenta con una sonrisa. Reafirma que antes eran buenos tiempos: "Se comía mejor. Papas cocinadas, gofio amasado, queso, sardinas...", enumera. Su nieto se suma a los recuerdos y la anima a hablar de cómo comían: "Todos en el mismo lebrillo con un revuelto", narra.

Martín Díaz nunca ha vivido en otro sitio. Su madre era de Las Portelas y su padre de Erjos, en El Tanque. Hay un sendero, un poco más abajo de su casa, que conecta con Erjos atravesando el Monte del Agua. "He ido alguna vez a La Gomera, ir y venir en el mismo día, si acaso", se ríe. Su carácter risueño y jovial habla de una vida feliz que contrasta con la despoblación de zonas rurales como esta. "La gente se marcha porque aquí tampoco hay trabajo, solo el campo, el campo y el campo", reitera. Recuerda ir a por zarza para picarla y también a coger cisco. Hablan de un vecino joven que se está dedicando a la agricultura, algo que parece una especie en extinción.

A pesar de estar a punto de cumplir 90 años, Rosa se encuentra muy bien. "La gente de aquí se conserva muy bien. No sé si será por la alimentación o por la calidad de vida", intuye Delia. También destaca su infancia, la cual "no cambio por nada". Su madre apoya el testimonio de su hija al confirmar que "mis chicas bien que gozaban. Se reunían ahí afuera a jugar. Ya no se ve nada de eso. Ahora son los móviles", dice. Delia retrocede en el tiempo y cuenta cómo todos los fines de semana salían de caminata hasta Masca, por ejemplo. "Cogíamos un casete y nos íbamos caminando por el monte", como quien sale a cualquier calle asfaltada.

La vida se trata de tomar decisiones. En Las Portelas, la familia León Martín, con Rosa al frente y el recuerdo de 'El rubio', eligió la calma para seguir disfrutando de la tranquilidad, el verde y las papas.