
Cultura inicia el expediente para declarar BIC el silo del puerto de Santa Cruz de Tenerife y frenar su derribo
El Ministerio de Cultura ha iniciado el expediente para declarar Bien de Interés Cultural el silo de grano del puerto de Santa Cruz de Tenerife, blindando así el edificio frente a su proyectado derribo.
La protección patrimonial del silo de grano del puerto de Santa Cruz de Tenerife ha dado un paso decisivo. Tal y como recoge el Boletín Oficial del Estado (BOE) en su edición de este lunes, el Ministerio de Cultura ha formalizado la incoación del expediente para declarar este inmueble Bien de Interés Cultural (BIC) bajo la categoría de monumento. Esta resolución administrativa, que blinda el edificio bajo el máximo nivel de protección que contempla la Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español, surge como respuesta directa a la intención de la Autoridad Portuaria de proceder a su derribo, una maniobra que había generado una notable contestación social y profesional, encabezada por el Colegio de Arquitectos de Tenerife.
La intervención del Ministerio, que atiende así las peticiones tanto del organismo colegial como de la Consejería de Universidades, Ciencia e Innovación y Cultura del Gobierno de Canarias, pone el foco sobre una pieza arquitectónica singular. Inaugurado en 1965 tras un proyecto gestado en la década de los cincuenta, el inmueble es el último vestigio en territorio nacional de los silos de grano tipo P, después de que la infraestructura homóloga de Málaga fuera destruida hace dieciocho años. Su valor no reside únicamente en su rareza, sino en su capacidad para documentar la política de autarquía económica y los esfuerzos de autoabastecimiento que marcaron la posguerra española.
Desde una perspectiva técnica, el edificio —situado en terrenos de dominio público estatal bajo gestión de la Autoridad Portuaria— destaca por su sobriedad racionalista, donde la funcionalidad prevalece sobre cualquier concesión estética. Con una altura superior a los 30 metros y una superficie de 1.836,43 metros cuadrados, su configuración es compleja: integra una torre de elevación que aún conserva su maquinaria original, un bloque principal de almacenamiento compuesto por 65 celdas verticales, una galería superior de distribución y diversas dependencias anexas destinadas a oficinas y talleres.
Más allá de su valor histórico, el silo representa un hito en la configuración del paisaje portuario tinerfeño. Su presencia física en el acceso al dique del este no solo responde a su antigua función logística —operativa hasta 1989—, sino que constituye un elemento de referencia visual en la ciudad. La declaración como BIC, al elevar su estatus jurídico, obliga ahora a las administraciones a garantizar la conservación de este testimonio de la técnica industrial y agraria del siglo XX, transformando un activo que se encontraba en riesgo de desaparición en un elemento protegido del patrimonio histórico contemporáneo.