
La pitaya se consolida en Tenerife como alternativa sostenible frente a los cultivos tradicionales
La agricultura tinerfeña apuesta por el cultivo de la pitaya como una alternativa rentable y eficiente en el uso del agua frente a los cultivos tradicionales del archipiélago.
La diversificación del sector primario en Canarias ha encontrado en los cultivos tropicales una vía de escape frente a la crisis de rentabilidad de las producciones tradicionales. Tal y como recoge una reciente información publicada por El Día, la agricultura tinerfeña está consolidando una transición hacia variedades exóticas, destacando el caso de la pitaya como un ejemplo de adaptación climática y eficiencia hídrica.
El éxito de esta apuesta, liderada en el ámbito empresarial por la firma Pitaber en el municipio de Arico, se sustenta en una trayectoria de dos décadas de experimentación. La empresa, que ha logrado alcanzar una producción anual de 100.000 kilos, inició su andadura en 2005 bajo el amparo de una iniciativa impulsada por el Cabildo de Tenerife. Este proyecto permitió la transición de una explotación familiar, anteriormente volcada en el tomate de exportación, hacia un modelo especializado en la denominada "fruta del dragón", con variedades como la reina, dragón, arena, king y fuego.
Desde una perspectiva agronómica, la pitaya presenta ventajas competitivas significativas frente a cultivos tradicionales como el plátano. Mientras que este último requiere un consumo hídrico diario de 22 litros por planta, la pitaya demanda apenas 8 litros semanales, un factor determinante en un territorio con limitaciones de recursos hídricos. Isora García, responsable de la explotación, subraya que esta eficiencia, sumada a las propiedades nutricionales del fruto —rico en antioxidantes, fibra y minerales—, ha permitido que la demanda interna nacional absorba la totalidad de la producción, desplazando la estrategia comercial que anteriormente se orientaba hacia el mercado alemán.
La gestión de este cultivo, que combina técnicas de invernadero y aire libre, requiere una especialización técnica elevada debido a la fragilidad de su floración nocturna y la precisión necesaria en el punto de recolección. Actualmente, la finca de Icor a Las Eras cuenta con cinco hectáreas dedicadas a esta actividad, de las cuales una posee certificación ecológica. Este cambio de paradigma no solo responde a una necesidad de mercado, sino que refleja una tendencia más amplia en el archipiélago: la búsqueda de cultivos con mayor valor añadido y menor huella ambiental, capaces de sostener la economía rural ante la volatilidad de los mercados internacionales.