Agricultora tinerfeña alerta: alimentos importados, riesgo para la salud y soberanía alimentaria.

Agricultora tinerfeña alerta: alimentos importados, riesgo para la salud y soberanía alimentaria.

Recurso: El Día

Una agricultora de Icod de los Vinos, Tenerife, alerta sobre los riesgos sanitarios de los alimentos importados y la competencia desleal, defendiendo la agricultura ecológica local y la soberanía alimentaria frente a las nuevas dinámicas comerciales.

Según ha podido conocer este medio, una agricultora de Icod de los Vinos, en Tenerife, ha expresado su profunda preocupación por las nuevas dinámicas del comercio internacional, advirtiendo sobre los riesgos para la salud que pueden entrañar los alimentos procedentes de fuera de España y la amenaza que esto supone para la soberanía alimentaria nacional.

Su testimonio revela una trayectoria marcada por la herencia familiar y un compromiso inquebrantable con la tierra. La finca, con raíces en la labor de su abuelo paterno y abuela materna, representa para ella un legado sentimental que la impulsó a dedicarse a la agricultura tras finalizar el Bachillerato, a pesar de las recomendaciones paternas de seguir estudios universitarios.

La decisión de transformar la explotación de convencional a ecológica, iniciada hace casi tres años y con certificación prevista para abril de 2025, fue una medida de último recurso para evitar el cierre. Este proceso ha implicado un periodo de enormes dificultades, descrito por la agricultora como un lapso de tiempo sin ingresos mientras la tierra se recuperaba y se adaptaba a nuevas prácticas. La transición exige una resiliencia considerable, ya que implica un cambio radical en el manejo del suelo y los cultivos, priorizando los microorganismos y la vida del ecosistema frente a los tratamientos químicos inmediatos de la agricultura convencional.

A pesar de la dureza del camino, la agricultora subraya la profunda gratificación de producir alimentos 100% saludables, beneficiando tanto a las personas como al medio ambiente. No obstante, lamenta la falta de conocimiento general sobre el sector primario, un problema que la ha llevado a defender activamente la inclusión de una asignatura sobre los principios básicos de la agricultura canaria en el plan educativo regional, tras reuniones con diversas instituciones y políticos. Considera fundamental que las nuevas generaciones comprendan la importancia de este sector, que históricamente ha sido pilar de la economía y la cultura canaria.

La amenaza más acuciante, según su análisis, reside en la competencia desleal de productos importados. La agricultora denuncia que estos, a menudo, carecen de los registros sanitarios exigidos en la Unión Europea y pueden contener sustancias químicas prohibidas en España desde hace décadas. Esta situación, sumada a la estricta burocracia y las numerosas restricciones que afrontan los productores locales, hace inviable la competencia en precios, poniendo en riesgo la soberanía alimentaria de Canarias y del conjunto de España. La apertura de nuevos canales comerciales, como el mencionado con Mercosur, agrava esta situación. Para el consumidor, la recomendación es verificar el código de barras, buscando el prefijo 84.000 que identifica los productos de origen español.

La viabilidad de cultivos emblemáticos como el plátano canario depende, desgraciadamente, de las subvenciones europeas, ya que los precios de mercado (llegando a 13 céntimos el kilo el año pasado) no cubren los costes de producción. Esta realidad, junto a la preocupación por la escasez hídrica –a pesar de un invierno con más lluvias que los años recientes, pero muy por debajo de registros históricos como los de 2014–, dibuja un panorama complejo para el sector. La agricultora, una mujer de 30 años, encarna la nueva generación que, sin buscar reconocimientos externos, se aferra a la tradición y la conciencia ecológica para asegurar el futuro de la agricultura canaria, cultivando desde plátanos hasta una amplia variedad de hortalizas.