
Tenerife ante el reto de frenar la masificación en sus espacios naturales protegidos
Una guía de naturaleza en Tenerife advierte sobre el impacto de la masificación turística en los espacios protegidos de la isla y reclama medidas regulatorias más estrictas junto a una mayor educación ambiental para garantizar la conservación del patrimonio natural.
La gestión de los espacios naturales en Tenerife atraviesa un momento crítico, marcado por la tensión entre la creciente afluencia turística y la necesidad imperativa de preservar la biodiversidad insular. Tal y como recoge una reciente entrevista publicada en medios locales, la profesional del sector turístico y guía de naturaleza, vinculada al municipio de Los Silos, advierte sobre el impacto negativo que la masificación está ejerciendo sobre el patrimonio ambiental de la isla, una problemática que, según su testimonio, condiciona incluso el desarrollo de su actividad profesional.
El análisis de esta guía, que lidera el proyecto Navaea —nombre inspirado en una especie botánica endémica de la zona—, pone el foco en la urgencia de implementar medidas regulatorias efectivas en enclaves de alta fragilidad, como el Parque Nacional del Teide o el macizo de Anaga. A su juicio, la normativa vigente resulta insuficiente si no va acompañada de una vigilancia activa que garantice su cumplimiento. La saturación de estos entornos no solo degrada el ecosistema, sino que altera la experiencia de un turismo especializado que busca el contacto con la naturaleza y la interpretación del patrimonio, alejándose de los flujos masivos.
Más allá de la regulación, el enfoque de esta profesional subraya la importancia de la educación ambiental como pilar fundamental para la conservación a largo plazo. Su propuesta aboga por integrar esta formación de manera obligatoria en el currículo escolar, argumentando que el desconocimiento del entorno inmediato —frente a la atención prestada a ecosistemas foráneos— dificulta la concienciación ciudadana. Esta visión se traslada también a su modelo de negocio, que prioriza el consumo de proximidad y el apoyo a la economía local, buscando que la actividad turística revierta directamente en el tejido social de los municipios donde se desarrolla.
La trayectoria de esta guía, que combina la interpretación del paisaje con la observación de avifauna y la divulgación etnográfica, refleja una tendencia creciente hacia un turismo de naturaleza que reivindica la perspectiva femenina en un sector tradicionalmente masculinizado. Su labor, que trasciende la mera actividad física para adentrarse en la gestión de vínculos culturales y la puesta en valor de las tradiciones locales, se enfrenta al reto diario de equilibrar la rentabilidad económica con la responsabilidad ética hacia el territorio, en un contexto donde la presión humana sobre los espacios protegidos exige, según su criterio, un cambio de paradigma urgente.