El sector primario en Tenerife: de motor económico a pilar estratégico en declive

El sector primario en Tenerife: de motor económico a pilar estratégico en declive

Recurso: El Día

El sector primario en Tenerife ha pasado de ser el motor económico de la isla en los años sesenta a representar solo el 2% del empleo actual, un declive que las instituciones buscan revertir mediante el fortalecimiento del POSEI y el apoyo al relevo generacional para garantizar la sostenibilidad territorial.

La metamorfosis económica de Tenerife durante las últimas seis décadas ha dejado una huella profunda en su estructura productiva, desplazando al sector primario hacia una posición residual en el mercado laboral. Tal y como recoge la información publicada recientemente sobre la evolución del campo tinerfeño, la agricultura, la ganadería y la pesca han experimentado un retroceso drástico, pasando de ser el motor de empleo de la provincia en los años sesenta —cuando aglutinaban a cerca del 46% de la población activa— a representar apenas un 2% en la actualidad.

Este declive relativo, cifrado en una caída del 95% respecto a los niveles de 1960, no responde a una pérdida de capacidad productiva, sino a una reconfiguración del modelo insular. Mientras que el turismo, la construcción y el sector servicios absorbían la mano de obra, el campo se enfrentaba a un proceso de envejecimiento demográfico y a una dificultad creciente para el relevo generacional. A pesar de este escenario, las cifras del Instituto Canario de Estadística (ISTAC) para el segundo trimestre de 2026 sitúan el empleo en el sector primario en 10.248 personas, una cifra que, aunque modesta, sostiene una actividad agrícola que aún concentra el 43,3% de la superficie cultivada de todo el Archipiélago, con una producción cercana a las 385.000 toneladas anuales.

El análisis de esta realidad revela una paradoja territorial: mientras el suelo agrícola se mantiene, la presión urbanística y la convivencia con nuevos residentes en el medio rural han transformado la percepción de la actividad agraria. Expertos como el geógrafo Wladimiro Rodríguez Brito han señalado que el abandono de las labores de labranza y pastoreo trasciende la mera producción de alimentos, afectando directamente a la gestión del paisaje y a la prevención de incendios forestales. La falta de mantenimiento en bancales y caminos, sumada a la acumulación de biomasa, altera la estructura del territorio, un factor crítico en una isla donde la interfaz entre lo forestal y lo residencial es constante.

Ante este panorama, las instituciones han comenzado a articular respuestas que buscan blindar la soberanía alimentaria y la sostenibilidad del entorno. El Cabildo de Tenerife ha impulsado una propuesta unánime para fortalecer el Programa de Opciones Específicas por la Lejanía y la Insularidad (POSEI), exigiendo a la Unión Europea la implementación de cláusulas de salvaguarda que garanticen la equidad competitiva frente a las importaciones de terceros países. La estrategia institucional no solo se centra en la rentabilidad económica, sino en la necesidad de reducir la burocracia y fomentar la integración de los jóvenes en un sector que, más allá de los datos estadísticos, resulta esencial para la conservación del patrimonio natural y la seguridad frente a riesgos ambientales. El desafío actual reside, por tanto, en transitar desde un modelo de abandono hacia uno que reconozca y remunere las funciones territoriales que agricultores y ganaderos desempeñan en el mantenimiento de la isla.