
El diseñador Juan Labory transforma residuos turísticos en moda sostenible en Tenerife
El diseñador tinerfeño Juan Labory transforma residuos del sector turístico en piezas de moda mediante el upcycling, consolidando en La Laguna un modelo de negocio que fusiona la creación textil con el activismo contra el fast fashion.
La industria textil se enfrenta a un escrutinio creciente debido a su elevada huella ecológica, posicionándose como uno de los sectores más contaminantes a nivel global. En este contexto, tal y como recoge una reciente crónica sobre la actividad creativa en Canarias, el diseñador tinerfeño Juan Labory ha convertido su taller en La Laguna en un laboratorio de activismo y sostenibilidad. Su propuesta no solo busca la viabilidad comercial, sino que pretende cuestionar el modelo de consumo turístico mediante la técnica del upcycling, una metodología que, a diferencia del reciclaje industrial, revaloriza los residuos sin alterar su composición química original.
El proyecto de Labory, que integra tienda y espacio de confección en la calle San Agustín, se nutre de materiales desechados por el sector turístico, como toallas, para crear nuevas piezas de indumentaria. Esta iniciativa, que el autor vincula con su labor creativa en la entidad Ataretaco, cierra un círculo irónico donde el residuo generado por el visitante termina siendo adquirido por el mismo perfil de consumidor, transformando el desecho en un objeto de diseño con carga política.
La trayectoria del modisto, formada académicamente en Berlín y curtida profesionalmente en el sector del estilismo y la publicidad en Madrid, refleja una búsqueda de alternativas frente a la precariedad laboral y el impacto del fast fashion. Su estancia en la capital alemana fue determinante para definir un sello personal que hoy se asienta sobre la premisa de la concienciación social. Más allá de la manufactura de prendas, el diseñador plantea su trabajo como una herramienta pedagógica, con la intención de trasladar su mensaje a entornos educativos y museísticos, alejándose de los circuitos convencionales de la moda.
Este enfoque subraya una tendencia creciente en el diseño contemporáneo: la necesidad de que la creación textil actúe como un vehículo de crítica social. Al integrar el activismo en su modelo de negocio, Labory no solo propone una alternativa estética, sino que interpela directamente al consumidor sobre la procedencia y el impacto de sus decisiones de compra. La consolidación de este proyecto en Tenerife trasciende el ámbito local, posicionándose como un ejemplo de cómo la gestión de residuos puede integrarse en una narrativa de vanguardia, donde la sostenibilidad deja de ser un concepto abstracto para convertirse en el eje central de una propuesta artística con vocación de cambio sistémico.