El Cabildo de Tenerife busca frenar la saturación en Anaga ante el malestar de los vecinos por la gestión turística

El Cabildo de Tenerife busca frenar la saturación en Anaga ante el malestar de los vecinos por la gestión turística

Recurso: El Día

El Cabildo de Tenerife busca mitigar la saturación turística en el Macizo de Anaga mediante una nueva estrategia de movilidad, enfrentándose al escepticismo de los vecinos sobre la eficacia y el retorno social de las inversiones realizadas en la Reserva de la Biosfera.

La gestión del Macizo de Anaga se encuentra en una encrucijada donde la preservación ambiental y la calidad de vida de sus habitantes chocan con la presión de un modelo turístico en expansión. Tal y como recoge la información difundida tras la reciente reunión en el Centro de Visitantes de la Cruz del Carmen, el Cabildo de Tenerife ha puesto sobre la mesa un borrador de Estrategia de Movilidad Sostenible, un documento que busca mitigar la saturación viaria en este espacio protegido.

El encuentro, celebrado el pasado 22 de junio, evidenció una brecha de percepción entre la administración insular y parte de la población local. Mientras que la Consejería de Movilidad presentó el estudio técnico como la hoja de ruta para ordenar el flujo de visitantes, el debate derivó rápidamente hacia una cuestión de fondo: la rentabilidad social de las inversiones en la Reserva de la Biosfera.

La consejera de Medio Natural, Blanca Pérez, optó por una estrategia de defensa basada en el balance presupuestario para contrarrestar las quejas vecinales. Según los datos expuestos, el área de Medio Natural ha inyectado doce millones de euros en el macizo durante el presente mandato, una cifra que, sumada a las intervenciones del departamento de Carreteras bajo la dirección de Dámaso Arteaga, elevaría el gasto total a unos diecisiete millones de euros al finalizar el ejercicio.

Este despliegue económico no ha logrado, sin embargo, disipar el malestar de representantes como Fulgencio Ramos, de Casas de la Cumbre, quien cuestionó la eficacia histórica de las políticas aplicadas en la zona. La tensión alcanzó su punto álgido cuando los vecinos reprocharon la falta de retorno tangible de los fondos europeos vinculados a la figura de protección de la Reserva de la Biosfera, argumentando que la promoción turística del enclave no se traduce en mejoras directas para quienes residen en él.

Ante estas críticas, la administración insular defendió su gestión vinculando la inversión en infraestructuras con la reactivación económica, citando como ejemplo la recuperación de cultivos en El Batán Alto tras las mejoras en sus comunicaciones. Asimismo, el Cabildo instó a los residentes a participar activamente en la priorización de los proyectos, ejemplificando esta voluntad de consenso con la partida de 700.000 euros reservada para Roque Negro. En última instancia, el desafío que enfrenta la institución es doble: garantizar la viabilidad de un ecosistema de alto valor ecológico y asegurar que la actividad turística no desplace la realidad cotidiana de los habitantes de Anaga, un equilibrio que, a juzgar por el tono del debate, sigue siendo el principal punto de fricción en la política insular.