
El abandono de los castañares en Tenerife dispara el riesgo de incendios y la crisis del sector
El abandono de más de la mitad de los castañares en Tenerife, agravado por la falta de apoyo institucional y la competencia exterior, amenaza la seguridad forestal de la isla al convertir estas fincas en focos de riesgo ante incendios.
El sector del castañar en Tenerife atraviesa una crisis estructural que trasciende la mera actividad agraria para convertirse en un problema de seguridad forestal y ordenación del territorio. Tal y como recoge la Asociación de Desarrollo Rural por la Conservación de los Castañeros de Tenerife (Concasten), la falta de respaldo institucional y un modelo económico volcado hacia el sector servicios han dejado a la mitad de las fincas insulares en situación de abandono, una cifra que se eleva hasta el 59,2% en la zona norte, donde se concentra la mayor parte de la superficie cultivada.
La relevancia de este diagnóstico, apoyado por investigaciones de la Universidad de La Laguna y el proyecto europeo Interreg MAC VALCONMAC, radica en la función cortafuegos que ejercen estas masas arbóreas. Los datos son elocuentes: mientras que las parcelas gestionadas mostraron una tasa de supervivencia del 90% durante los incendios de 2023, el abandono ha transformado los castañares en depósitos de biomasa combustible. Esta vulnerabilidad se ve agravada por la ausencia de una legislación forestal autonómica específica, lo que genera una inseguridad jurídica que dificulta la gestión de los terrenos y la transición de suelo agrícola a forestal.
A la complejidad administrativa se suma una realidad de mercado desfavorable. La competitividad del productor local se ha visto erosionada por la irrupción de la castaña de importación, que pasó de ser residual en 2013 a representar casi el 43% de las ventas en Mercatenerife apenas seis años después. Esta brecha se explica por la imposibilidad de mecanizar las labores en las escarpadas medianías tinerfeñas, frente a las explotaciones foráneas que operan en terrenos llanos con costes significativamente menores. A esto, los agricultores añaden la escasez de recursos hídricos, priorizados en el modelo insular hacia el consumo turístico, lo que limita la viabilidad de cualquier proyecto de explotación agraria.
Ante este escenario, la respuesta del sector se articula a través de iniciativas como el Proyecto Fénix, que busca integrar la restauración del paisaje con modelos de economía circular, como la apicultura o el ecoturismo, para intentar revertir el abandono. Sin embargo, desde Concasten advierten que cualquier intento de recuperación resulta infructuoso sin un diálogo fluido con las administraciones, con quienes denuncian una falta de interlocución que impide abordar la gestión del territorio de manera coordinada. La supervivencia del castañar en la isla no solo depende de la rentabilidad económica, sino de una reconfiguración del modelo de gestión que reconozca el valor ambiental y social de mantener el campo vivo frente a la presión de un sistema globalizado.