Un estudio de la Universidad de La Laguna revela cómo la experiencia y el tiempo de estancia condicionan la resolución de conflictos en centros de acogida

Un estudio de la Universidad de La Laguna revela cómo la experiencia y el tiempo de estancia condicionan la resolución de conflictos en centros de acogida

Recurso: El Día

Un estudio de la Universidad de La Laguna revela que la gestión de conflictos en el Centro Municipal de Acogida de Santa Cruz de Tenerife depende del bagaje vivencial y el tiempo de estancia de los usuarios, instando a implementar modelos de intervención personalizados frente a los enfoques estandarizados.

La convivencia en los centros de acogida municipal no es un escenario estático, sino un ecosistema complejo donde la gestión de las desavenencias cotidianas determina, en gran medida, la eficacia de los procesos de reinserción. Según un reciente estudio publicado en la revista Aposta. Revista de Ciencias Sociales, elaborado por académicos de la Universidad de La Laguna, la manera en que los usuarios del Centro Municipal de Acogida de Santa Cruz de Tenerife gestionan sus roces personales está intrínsecamente ligada a su bagaje vivencial y al tiempo que permanecen en el sistema.

El equipo investigador, compuesto por José Manuel Díaz, Juan Antonio Rodríguez y Manuel José Rosales, ha puesto el foco sobre una muestra de 91 personas, analizando cómo el entorno institucional moldea las respuestas ante incidentes que van desde el intercambio de palabras hirientes hasta hurtos o episodios de violencia física. El análisis arroja una conclusión fundamental: la experiencia directa actúa como un filtro que complejiza la interpretación de los hechos. Mientras que los individuos con vivencias previas en estas situaciones despliegan un abanico de respuestas más sofisticado y analítico, aquellos que carecen de este recorrido tienden a proyectar soluciones hipotéticas, a menudo más simplistas.

La tipología del conflicto es, asimismo, un factor determinante en la elección de la estrategia de resolución. Ante ofensas verbales, la tendencia predominante es el repliegue o la evitación. Sin embargo, cuando la integridad de las pertenencias o la seguridad física se ven comprometidas, los residentes suelen transitar hacia modelos de negociación o mediación. No obstante, el estudio advierte sobre un fenómeno preocupante: en los episodios de mayor tensión, la respuesta dominante se desplaza hacia la confrontación directa o el ejercicio de la fuerza, lo que evidencia la fragilidad de los mecanismos de resolución pacífica en contextos de alta presión.

Un hallazgo de especial relevancia para las políticas públicas es el impacto de la estancia prolongada. Los datos sugieren que, a medida que se extiende el periodo de residencia, se produce un declive en la capacidad de negociación y una alteración en la percepción de las causas de los conflictos. Este fenómeno, que los autores vinculan tanto a la adaptación al entorno como a un posible desgaste emocional, plantea interrogantes sobre la eficacia de los modelos de intervención actuales. A esto se suman variables sociodemográficas: la edad influye en la preferencia por la mediación frente a la confrontación, mientras que el género marca diferencias en la atribución de intencionalidad y en la propensión a adoptar posturas de sumisión ante la autoridad del personal del centro.

Ante este panorama, la investigación subraya la urgencia de abandonar los enfoques estandarizados en la gestión de estos espacios. Los expertos abogan por implementar estrategias socioeducativas personalizadas que no solo fomenten la autonomía de los residentes, sino que integren metodologías restaurativas. El objetivo final es transformar la dinámica de estos centros, pasando de una gestión basada en la contención a un modelo que priorice la convivencia activa y la resolución constructiva de las tensiones inherentes a la vida comunitaria.