
Los gatos domésticos alteran la supervivencia y morfología del lagarto tizón en Tenerife
Una investigación científica revela que las colonias felinas en Tenerife están alterando gravemente la demografía y morfología del lagarto tizón, una especie endémica cuya supervivencia se ve amenazada por la depredación y el desequilibrio ecológico provocado por la alimentación artificial.
La gestión de las colonias felinas en entornos insulares ha dejado de ser un debate circunscrito exclusivamente al bienestar animal para convertirse en una cuestión crítica de conservación de la biodiversidad. Según una investigación publicada esta semana en la revista Biology Letters, la presencia de gatos domésticos en Tenerife está alterando de forma drástica tanto la demografía como la morfología del lagarto tizón (Gallotia galloti), una especie endémica fundamental para el equilibrio ecológico del archipiélago.
El estudio, fruto de una colaboración entre el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), la Universidad de La Laguna y el Grupo de Ornitología e Historia Natural de las islas Canarias (GOHNIC), aporta una radiografía preocupante sobre cómo los puntos de alimentación artificial actúan como focos de desequilibrio. Tras analizar más de 200 ejemplares en 22 localizaciones distintas, los expertos han constatado que las áreas próximas a estos comederos albergan una densidad de lagartos un 120% inferior a la de las zonas de control.
Más allá de la reducción poblacional, el trabajo revela un fenómeno de selección natural inducida: los gatos tienden a depredar a los individuos de mayor tamaño, lo que provoca que la población superviviente sea, en promedio, más pequeña. No obstante, el análisis de isótopos estables ha permitido descubrir una paradoja biológica. A pesar de su menor talla, estos reptiles presentan un índice de masa escalada superior, lo que indica que están aprovechando el alimento destinado a los felinos. Este acceso a recursos suplementarios, aunque mejora su peso relativo, no compensa la presión depredadora ni el impacto ecológico derivado de la concentración de especies exóticas.
La problemática trasciende al lagarto tizón. Los comederos se han consolidado como nodos de atracción para otras especies, como roedores, erizos y diversas aves, alterando las cadenas tróficas nativas. Este fenómeno es especialmente grave en Canarias, un territorio caracterizado por una alta tasa de endemismos que, por su aislamiento evolutivo, carecen de las defensas necesarias frente a depredadores introducidos.
Los autores del estudio subrayan que el gato doméstico representa una de las amenazas más severas para la fauna autóctona en ecosistemas insulares. Ante este escenario, el equipo investigador reclama un cambio de paradigma en las políticas públicas. La gestión de estas colonias no puede limitarse a la alimentación de los felinos, sino que debe integrar medidas de protección activa para la fauna nativa, reconociendo que la intervención humana en el medio natural tiene consecuencias sistémicas que requieren una supervisión científica rigurosa y una planificación estratégica a largo plazo.