
Un estudio documenta el desmantelamiento histórico del barrio de El Cabo en Santa Cruz de Tenerife
Un nuevo estudio académico documenta cómo la transformación urbanística de Santa Cruz de Tenerife entre 1957 y 2022 supuso el desmantelamiento del histórico barrio de El Cabo y la pérdida de gran parte de su legado social y arquitectónico.
La metamorfosis urbana de Santa Cruz de Tenerife durante el último medio siglo ha dejado una huella profunda en la memoria colectiva de la capital, un fenómeno que ha sido analizado con rigor en el estudio Arquitectura y territorio. El desmantelamiento del barrio de El Cabo (1957-2022), publicado recientemente en la Revista de Historia Canaria de la Universidad de La Laguna. Los investigadores Javier Francisco del Molino Almazán y Francisco Álvaro Ruiz Rodríguez documentan cómo la fisonomía de este enclave, históricamente vinculado a la actividad pesquera y artesanal, fue sustituida por un nuevo modelo de ciudad, borrando gran parte de su legado arquitectónico popular.
El análisis académico subraya que el proceso de transformación, iniciado formalmente en 1963, no fue una evolución orgánica, sino una intervención planificada que resultó en la supresión total de las viviendas de la clase trabajadora que definían el sector. La reordenación del espacio público, que tuvo uno de sus hitos más disruptivos en 1966 con la extensión de la calle Bravo Murillo, no solo alteró la traza viaria —eliminando vías históricas como las dedicadas a los molinos y las panaderas—, sino que forzó el desplazamiento de la población residente hacia zonas periféricas, desarticulando el tejido social que durante siglos se congregó en torno a la plaza de San Telmo.
Desde una perspectiva urbanística, este caso ejemplifica la tensión entre el desarrollo de las capitales modernas y la preservación del patrimonio vernáculo. A pesar de la demolición sistemática del entorno, el estudio identifica tres elementos que lograron sobrevivir a la reconfiguración del área: el antiguo Hospital de Nuestra Señora de los Desamparados, el cuartel de San Carlos y la ermita de San Telmo. Estos edificios, que hoy cumplen funciones administrativas y museísticas, actúan como los últimos testigos físicos de un pasado que, en su mayor parte, ha quedado relegado a los archivos históricos y al recuerdo de los antiguos vecinos.
La relevancia de este trabajo reside en su capacidad para poner cifras y nombres a una pérdida patrimonial que, a menudo, queda diluida en la modernización de las ciudades. La ermita de San Telmo, erigida en el siglo XVI por la cofradía de pescadores, permanece como el símbolo más elocuente de aquel barrio que, según los autores, se vio obligado a desaparecer para dar paso a una nueva realidad urbana. La investigación no solo reconstruye la cronología de este desmantelamiento, sino que invita a reflexionar sobre el coste social y cultural de las políticas de planificación que, en la segunda mitad del siglo XX, priorizaron la expansión sobre la conservación de la identidad histórica de los barrios fundacionales de las islas.