El Gordo de 2018: Mario Fernández, el ganador que engordó pero no cambió de vida.

El Gordo de 2018: Mario Fernández, el ganador que engordó pero no cambió de vida.

Recurso: El Día

Cinco años después de ganar el Gordo de Navidad de 2018 con un décimo comprado en la calle Los Pobres, Mario Fernández, de Tenerife, sigue en su pueblo y trabajo, afirmando que el premio le dio estabilidad pero no lo hizo rico ni le cambió la vida por completo.

La suerte de Mario Fernández Peraza, un vecino de Tenerife, cuando ganó el primer premio de la Lotería de Navidad en 2018, estuvo llena de curiosidades, algunas hasta con un toque de ironía. Para empezar, ganó peso, como si el "Gordo" le hubiera hecho engordar. Además, el número premiado lo compró en una administración de lotería de la calle Los Pobres. Esta administración está en la tienda Bazar y Modas Casa Félix de su pueblo, Tegueste. Curiosamente, Mario no era rico en aquel momento. Y tampoco lo es ahora, cinco años después.

Mario, que tiene 45 años, sigue viviendo en Tegueste y trabajando en la misma empresa de limpieza del pueblo. Es padre de tres niñas. Un décimo del 3.347 le dio un buen empujón económico, pero no le cambió la vida por completo. «Ganar el Gordo fue importante, claro que sí, pero lo que de verdad me cambió la vida fueron otras cosas que me pasaron antes y después de aquel sorteo», cuenta.

«Ya he perdido la cuenta de cuántos números de lotería me han restregado por la espalda», dice Mario entre risas en la plaza de la iglesia del Sagrado Corazón de Pedro Álvarez. Este es un pueblo tranquilo y rural, escondido en las faldas del macizo de Anaga. Nos cuenta su historia junto a un árbol de Navidad muy original, que muestra cómo es este bonito rincón de Tenerife: está hecho con decenas de botellas de vino vacías. En ese momento, un vecino se acerca, lo reconoce como el ganador del Gordo y le pide permiso para frotarle un décimo por la espalda. «Ya te digo... ¡Son muchísimos!».

Los 322.000 euros que le ingresaron en el banco, días después de aquel 22 de diciembre, no lo hicieron millonario. Para empezar, Hacienda se quedó con 78.000 euros de los 400.000 del premio total.

Pero al menos pudo comprarse una casa, un apartamento, una furgoneta Mercedes y arreglarse la dentadura, tanto la suya como la de su pareja. «También me di buenos homenajes de comida, los que antes no podía permitirme. Por eso engordé. Pero intenté usar el premio lo mejor posible para darle una casa a mi familia y que tuvieran la mayor estabilidad», reconoce.

El Gordo llegó en un momento de muchos cambios en su vida personal y profesional. El verano anterior había empezado a trabajar en Urbaser –la empresa que recoge la basura en Tegueste– y había terminado una relación para empezar otra. Justo cuando se estaba adaptando a su nueva vida, apareció el Gordo.

Mario y cuatro amigos, con los que se veía en el bar donde trabajaba antes de ir a Urbaser, solían jugar a La Primitiva cada semana. «Nos quedaban unos cien euros de bote y decidimos comprar un décimo de la Lotería de Navidad para cada uno».

Mario tenía otros décimos y participaciones de lotería. Aquel 22 de diciembre, estaba haciendo recados cuando lo llamaron sus amigos de la peña del bar. «Uno de ellos me llamó para decirme que habíamos ganado y que cómo me daba el décimo. Pensé que era una broma».

Además, había apuntado mal el número en una libreta, no coincidía. Y no tenía su décimo consigo. Quedó con el amigo en una cafetería. Allí le dio el 3.347 y le repitió que habían ganado. «Me di cuenta de que no era una broma cuando miré el décimo, luego miré la tele y confirmé que, efectivamente, era el Gordo. Tardé un rato en asimilarlo del todo», recuerda.

Ese mismo día, los cinco amigos fueron a un restaurante cercano para celebrarlo. «Uno de ellos interrumpió la fiesta para decir: ¿No se han dado cuenta de que en esta mesa hay ahora mismo dos millones de euros?». Y siguieron brindando y pensando en qué se gastarían el dinero.

Después lo celebró con su familia y con otros amigos. Algunas de sus hermanas lloraron, su padre estaba muy contento y Mario se sentía muy feliz, pero con la pena de no poder compartir ese momento tan especial con su madre, que ya había fallecido.

«La verdad es que el dinero me vino genial», explica. «Pude comprar cosas que nunca habría podido tener sin esa suerte, como dos casas». Ya se había fijado antes en una casa terrera que compró al contado en el mismo pueblo de Pedro Álvarez. Mario la reformó, la vendió y el dinero lo usó para la casa de su padre, que acababa de morir. A diferencia de la primera, esta tiene terreno para plantar verduras y frutales, como casi todas las casas de Pedro Álvarez.

Por el camino, le pasaron muchas cosas curiosas. Por ejemplo, nada más ganar el Gordo, varias personas lo llamaron para ofrecerle comprarle el décimo por 400.000 euros, incluyendo los 78.000 que se queda Hacienda. Él se negó. También aparecieron conocidos de repente, se hizo popular –«mucha gente del pueblo se enteró de que había ganado; aquí es un sitio pequeño donde es muy difícil guardar secretos»– y le ofrecieron comprar de todo, incluso un negocio.

«Me di alguna fiesta, no lo voy a negar, pero sobre todo intenté ser lo más responsable posible por el bien de mi familia», aclara. No se acuerda del número completo, solo de que terminaba en 7, el número de la suerte y la terminación más buscada en la historia de las loterías en España. ¿Le queda algo de aquel premio? «Sí, unos ahorros para cualquier imprevisto».