
La borrasca Therese comienza a remitir en Canarias tras una semana de intensas lluvias
La borrasca Therese comienza a disiparse en Canarias tras una semana de intensas lluvias, dando paso a una mejoría progresiva del tiempo a partir de este jueves.
La borrasca Therese comienza a perder influencia sobre el archipiélago canario, marcando el inicio de una transición hacia la estabilidad atmosférica tras una semana de severas condiciones meteorológicas. Tal y como recoge la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el episodio, caracterizado por precipitaciones persistentes, rachas de viento y un estado del mar adverso, encara su fase final este miércoles, dando paso a una mejoría progresiva que se consolidará a partir del jueves.
El impacto pluviométrico de este fenómeno ha sido notable, con registros que en puntos específicos han superado los 600 litros por metro cuadrado a lo largo de los últimos siete días. La orografía insular ha jugado un papel determinante en la distribución de estas lluvias, evidenciando una alta variabilidad espacial: mientras algunas estaciones han contabilizado acumulaciones superiores a los 100 litros en una sola jornada, otras ubicaciones situadas a escasa distancia apenas han recibido precipitaciones significativas. Un ejemplo de la intensidad puntual se localizó en el Roque de los Muchachos, donde se midieron 242,8 litros en el último día.
Desde la delegación regional de la Aemet, David Suárez ha subrayado la complejidad técnica que ha supuesto la predicción de este sistema. La incertidumbre aumentó notablemente durante el fin de semana debido al comportamiento errático del núcleo de la borrasca. Esta inestabilidad en los modelos de previsión dificultó la anticipación de los avisos en episodios críticos, como el registrado en el norte de Tenerife, donde células convectivas estacionarias provocaron precipitaciones torrenciales, alcanzando los 60 litros por hora en la estación de Tacoronte.
Este tipo de eventos pone de relieve la dificultad intrínseca de la meteorología en territorios fragmentados, donde variaciones de apenas 50 kilómetros en la trayectoria de un sistema de bajas presiones alteran drásticamente el impacto sobre el terreno. Aunque la mayor parte del episodio pudo ser gestionada con alertas de nivel naranja emitidas con 72 horas de antelación, la naturaleza convectiva de las tormentas obligó a realizar ajustes operativos de corto plazo.
Para las próximas horas, la previsión contempla todavía la posibilidad de chubascos, ocasionalmente acompañados de actividad eléctrica, especialmente en las islas occidentales. No obstante, la tendencia apunta a una retirada de la inestabilidad, limitando las precipitaciones a fenómenos débiles y dispersos en Gran Canaria y el sector occidental del archipiélago a medida que el sistema se aleja definitivamente.