
El auge de los estudiantes mayores transforma las aulas de las universidades canarias
Los programas universitarios para mayores en Canarias experimentan un crecimiento exponencial, consolidándose como un fenómeno de masas que obliga a las instituciones a adaptar sus servicios y contenidos académicos ante un alumnado cada vez más formado y exigente.
La universidad española está asistiendo a una transformación demográfica sin precedentes en sus aulas. Tal y como recoge un reciente informe sobre la actividad académica en las instituciones canarias, los programas destinados a personas mayores han dejado de ser una oferta marginal para convertirse en un fenómeno de masas. Este auge, que refleja una tendencia consolidada en todo el territorio nacional, sitúa a la Universidad de La Laguna (ULL) y a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) como epicentros de un modelo de envejecimiento activo que demanda una reconfiguración de los servicios universitarios.
En el caso de la ULL, la evolución es drástica: el programa ha pasado de contar con apenas 70 alumnos en 2008 a superar los 300 estudiantes actuales, una cifra que se eleva si se contabilizan los módulos complementarios de bienestar y competencias digitales. Por su parte, la ULPGC ha registrado un máximo histórico con 1.530 matriculados, sumando 300 nuevas incorporaciones solo en el presente curso. Este crecimiento, que en la ULL supone multiplicar por cinco su alumnado en menos de dos décadas, responde a una demanda que las instituciones califican de exponencial.
Más allá de la estadística, el perfil del estudiante ha mutado. La dirección académica subraya que el alumnado actual posee una formación previa elevada —incluyendo perfiles de docentes jubilados, juristas e ingenieros—, lo que obliga a la universidad a elevar el rigor de sus contenidos. Este fenómeno es, en parte, el legado de la Ley General de Educación de 1970, que permitió una democratización del acceso al conocimiento cuyas generaciones beneficiarias hoy reclaman un espacio de aprendizaje continuo. La composición de las aulas mantiene una mayoría femenina, con una proporción de siete mujeres por cada tres hombres, y una edad media que ronda los 70 años, aunque el programa admite inscripciones desde los 45.
La oferta académica, que se financia mediante una estructura de precios públicos con bonificaciones del 50% para jubilados, se ha adaptado a esta exigencia mediante módulos multidisciplinares y una especial atención a las humanidades, con el arte como disciplina predilecta. No obstante, la gestión de esta demanda enfrenta retos logísticos. La vicerrectora de Cultura y Extensión Universitaria de la ULL, Isabel Karely Pérez, admite que la falta de espacio físico es el principal freno para un crecimiento aún mayor, señalando que la institución se encuentra en una fase de adaptación constante ante un alumnado crítico y altamente motivado.
El impacto de esta realidad trasciende lo académico. La integración de estos estudiantes en entornos de laboratorio y debate, junto a docentes de departamentos como Botánica o Historia del Arte, está generando una dinámica de intercambio intelectual que las autoridades universitarias pretenden ahora potenciar mediante el fomento de las relaciones intergeneracionales. En un contexto donde la pirámide poblacional española se desplaza hacia la madurez, la universidad se posiciona no solo como un centro de formación, sino como un agente clave para garantizar la vitalidad intelectual de una generación que, lejos de retirarse, busca activamente la actualización de sus competencias.