
Afes Salud Mental: una década supliendo la falta de apoyo público a las familias cuidadoras en Tenerife
El programa de apoyo psicológico de la asociación tinerfeña Afes Salud Mental cumple una década atendiendo a más de 2.200 familiares de pacientes, visibilizando la falta de recursos públicos para quienes asumen el peso de los cuidados en salud mental.
La desinstitucionalización de la salud mental en España, iniciada hace décadas, trasladó el peso de la asistencia desde los centros psiquiátricos hacia el núcleo familiar, un cambio de paradigma que, a menudo, se ha ejecutado sin el respaldo institucional suficiente para quienes asumen la labor de cuidado. Tal y como recoge una reciente información sobre la labor de la asociación tinerfeña Afes Salud Mental, existe una brecha asistencial que ha obligado a las propias familias a organizarse para evitar el colapso emocional y el aislamiento.
El proyecto de intervención psicológica especializada que desarrolla esta entidad en Tenerife cumple diez años de trayectoria, consolidándose como un recurso necesario ante la ausencia de alternativas públicas para los allegados de pacientes. Las cifras reflejan una demanda sostenida: desde su puesta en marcha, el programa ha asistido a más de 2.200 personas. La tendencia reciente muestra un volumen de actividad constante, con 169 atenciones registradas en 2025 —donde el 72% fueron mujeres— y otras 139 intervenciones contabilizadas en lo que va de 2026. La persistencia de listas de espera desde el inicio de la iniciativa subraya la insuficiencia de los recursos actuales para cubrir las necesidades de este colectivo.
El perfil predominante en estas consultas sigue siendo el de mujeres, mayoritariamente madres, lo que evidencia la persistencia de la brecha de género en las tareas de cuidados. La intervención de Afes, financiada a través del Anillo Insular de Políticas Sociales del IASS, se estructura en tres ejes: la psicoeducación para comprender la patología, el apoyo mutuo mediante grupos de pares y la atención individualizada. Este enfoque resulta crucial, ya que, como señalan los responsables del programa, la recuperación del paciente es inviable si el entorno familiar carece de herramientas para gestionar la convivencia y el impacto emocional del diagnóstico.
Desde un punto de vista sociológico, el fenómeno descrito pone de relieve el riesgo de cronificación de trastornos como la ansiedad o la depresión en los cuidadores, quienes a menudo postergan su propia salud física y mental en favor de la persona dependiente. La precocidad en la intervención se ha revelado como el factor determinante para mitigar el impacto del debut de la enfermedad. Al proporcionar un espacio donde los familiares pueden compartir relatos y experiencias, la entidad no solo ofrece un alivio terapéutico, sino que corrige una carencia estructural en el sistema de salud: la falta de atención integral que contemple al cuidador como una pieza fundamental, y no como un agente invisible, en el proceso de recuperación del paciente.