
La Guardia Civil desmantela una red de tráfico de armas y cocaína entre Andalucía y Canarias
La Guardia Civil ha desmantelado una red criminal dedicada al tráfico de armas y cocaína entre Andalucía y Canarias, logrando la detención de sus principales responsables y la incautación de más de una tonelada de estupefacientes.
La Guardia Civil ha logrado desmantelar por completo una red criminal de gran calado que operaba entre Andalucía y Canarias, especializada en el tráfico de armas y la distribución de cocaína, según ha informado el Instituto Armado. Esta intervención, denominada operación Embarcadero, pone fin a una estructura delictiva que, durante diez meses, logró introducir más de una tonelada de estupefacientes en Tenerife mediante el uso de identidades usurpadas en envíos de paquetería desde Madrid y Sevilla.
El impacto de esta operación es significativo, no solo por el volumen de droga incautada, sino por la peligrosidad que entrañaba la actividad paralela de la banda: la manipulación y venta de armamento en el mercado negro. La investigación ha permitido neutralizar a los últimos integrantes de la cúpula directiva, incluyendo al segundo responsable de la organización, tras una primera fase ejecutada en noviembre de 2025 que ya había permitido desarticular un taller clandestino dotado de sistemas de insonorización para la fabricación y modificación de armas de fuego.
El despliegue policial, coordinado entre las comandancias de Sevilla y Tenerife, ha culminado con cuatro detenciones recientes y la investigación de un quinto implicado, actualmente en prisión. La autoridad judicial ha decretado el ingreso en centro penitenciario sin fianza para tres de los arrestados en esta última fase. Más allá de las capturas, el operativo ha golpeado la capacidad financiera del grupo mediante el bloqueo de cuentas bancarias, inmuebles y otros activos, además de la incautación de vehículos de alta gama, joyas y dispositivos electrónicos que evidencian el nivel de vida obtenido a través de estas actividades ilícitas.
La logística empleada por la organización destaca por su sofisticación, utilizando identidades de terceros para eludir los controles en el transporte de más de 50 kilos de cocaína semanales. La desarticulación de esta red supone un golpe directo a la seguridad pública, dado que el armamento intervenido —que incluía armas cortas, detonadoras adaptadas para fuego real y dispositivos de descarga eléctrica—, junto con la infraestructura de blanqueo de capitales, conformaba una amenaza estructural que operaba con una jerarquía definida entre ambos núcleos geográficos. Con esta actuación, las fuerzas de seguridad dan por clausurada la infraestructura operativa y patrimonial de un grupo que había logrado establecer una ruta de suministro constante y peligrosa entre la Península y el archipiélago canario.