La DGT recuerda que conducir por debajo de la velocidad mínima es una infracción grave sancionada con 200 euros

La DGT recuerda que conducir por debajo de la velocidad mínima es una infracción grave sancionada con 200 euros

Recurso: El Día

La DGT recuerda que circular a una velocidad anormalmente reducida sin causa justificada es una infracción grave sancionada con 200 euros por comprometer la seguridad y fluidez del tráfico.

La seguridad vial en España no solo depende de la contención de los excesos de velocidad, sino también de mantener un ritmo constante que no comprometa la fluidez del tráfico. Tal y como ha recordado recientemente la Dirección General de Tráfico (DGT), la conducción a una marcha inusualmente reducida sin una justificación técnica o de emergencia constituye una infracción grave, equiparable en términos sancionadores a otras conductas de riesgo.

El marco normativo vigente establece umbrales mínimos de circulación para evitar que los vehículos se conviertan en un obstáculo para el resto de los usuarios, lo que obligaría a terceros a realizar maniobras evasivas o frenazos bruscos. En el caso de las autovías y autopistas, el límite inferior se sitúa en los 60 km/h. Por otro lado, en las carreteras convencionales, el conductor debe mantener, al menos, la mitad de la velocidad máxima permitida en dicho tramo; por ejemplo, en una vía limitada a 90 km/h, el vehículo no debería descender de los 45 km/h.

El incumplimiento de estas directrices conlleva una sanción económica de 200 euros. A diferencia de las infracciones por exceso de velocidad, esta falta no implica la detracción de puntos del permiso de conducir, aunque el organismo regulador insiste en que la peligrosidad reside en la alteración del flujo circulatorio.

Desde una perspectiva técnica, la normativa contempla excepciones cuando existen causas justificadas, como una avería mecánica. En tales supuestos, el conductor tiene la obligación de señalizar adecuadamente su situación para advertir al resto de los usuarios de la vía. Esta medida se enmarca dentro de la responsabilidad general del conductor de adaptar su manejo a las condiciones cambiantes del entorno y a los imprevistos que puedan surgir durante el trayecto, un principio fundamental para la reducción de la siniestralidad en nuestras carreteras. La fluidez, por tanto, se erige como un componente esencial de la seguridad vial, tan relevante como el respeto a los límites máximos establecidos.