
Sertego proyecta una planta de tratamiento de residuos industriales en el puerto de Santa Cruz de Tenerife
Sertego, filial de Urbaser, proyecta construir una planta de tratamiento de residuos industriales y hospitalarios en el puerto de Santa Cruz de Tenerife para centralizar la gestión de desechos en el archipiélago.
La gestión de residuos industriales en el archipiélago canario se enfrenta a un punto de inflexión con la reciente propuesta de Sertego Servicios Ambientales, filial de Urbaser, para levantar una infraestructura de tratamiento en la Dársena Norte del puerto de Santa Cruz de Tenerife. Tal y como recoge la documentación sometida a información pública, la compañía busca ocupar una parcela de 5.242 metros cuadrados con el objetivo de centralizar el procesamiento de desechos que, hasta la fecha, requerían ser trasladados fuera de la isla ante la carencia de instalaciones con la capacidad tecnológica necesaria.
El proyecto, que se encuentra en fase de alegaciones durante un periodo de 30 días, plantea un modelo de gestión integral que abarca desde la recepción y almacenamiento hasta el tratamiento físico-mecánico. La planta está diseñada para procesar tanto residuos hospitalarios —incluyendo tipologías biosanitarias, químicas y citotóxicas— como los desechos derivados de la actividad marítima regulados por el convenio internacional Marpol, tales como hidrocarburos y aguas residuales. Según las estimaciones técnicas presentadas, la capacidad operativa anual alcanzaría las 15.000 toneladas para residuos peligrosos y cerca de 30.000 toneladas para los no peligrosos, supeditando estas cifras finales a la resolución de la autorización ambiental integrada.
Este movimiento estratégico de Sertego responde a la creciente presión por alinear la actividad portuaria con los principios de la economía circular y la normativa vigente sobre desechos. La empresa, que ya opera centros de transferencia en El Rosario (Tenerife), Lanzarote y Gran Canaria —donde ya gestiona residuos Marpol en el puerto de Las Palmas—, busca ahora escalar su presencia en la capital tinerfeña.
Para mitigar la preocupación social inherente a este tipo de instalaciones, el expediente incluye un análisis cuantitativo de riesgos y un estudio de dispersión de olores. Los informes técnicos sostienen que, incluso en los núcleos de población más próximos como Cueva Bermeja, San Andrés, María Jiménez y Cuchillo del Saltadero, los niveles de inmisión se mantendrían por debajo de los umbrales establecidos para actividades industriales comparables. Las conclusiones del estudio aseguran que la pluma de contaminación odorífera resultante no generaría un impacto significativo en el entorno, un punto que será clave durante el proceso de evaluación ambiental que ahora comienza.