
El IGN refuerza la vigilancia volcánica en el Teide tras detectar anomalías sísmicas
El Instituto Geográfico Nacional ha reforzado la vigilancia volcánica en el Teide tras detectar anomalías sísmicas y deformaciones del terreno, aunque los expertos descartan una erupción inminente.
La vigilancia volcánica en Tenerife ha experimentado un refuerzo operativo en las últimas semanas, según ha informado recientemente el Instituto Geográfico Nacional (IGN). Este incremento en las labores de campo responde a una serie de anomalías registradas desde principios de 2026, que han obligado a los equipos de especialistas a intensificar la toma de datos físicos en el Parque Nacional del Teide para monitorizar el estado de las entrañas del volcán.
El fenómeno que ha motivado esta reactivación de las campañas de medición comenzó en febrero, cuando las estaciones de control detectaron pulsos sísmicos continuos de una duración inusual. A este comportamiento, que los expertos asocian con la dinámica de cavidades internas, se sumó una actividad de enjambres sísmicos de baja magnitud que, en un periodo breve, superó el registro acumulado de la última década. Aunque esta fase de agitación cesó abruptamente, dando paso a un periodo de calma, la comunidad científica mantiene la cautela ante la posibilidad de que estos movimientos guarden relación con el desplazamiento de masas magmáticas en el subsuelo.
Para despejar estas incógnitas, los investigadores del IGN, entre ellos Jorge Pereda, Francisco Sánchez y Víctor Cabrera, han retomado el uso de gravímetros portátiles. Estos dispositivos permiten medir variaciones en el campo gravitatorio, un indicador clave para detectar el ascenso de magma. Estas mediciones manuales complementan la red de estaciones multiparamétricas instaladas en la zona, que operan de forma autónoma mediante tecnología GNSS e inclinómetros.
El análisis de los datos obtenidos por estos instrumentos revela una deformación del terreno de aproximadamente un centímetro anual desde 2023, acumulando un desplazamiento total de unos dos centímetros en los últimos tres años. No obstante, los especialistas subrayan que estas cifras se encuentran lejos de los umbrales críticos observados en episodios eruptivos previos, como el ocurrido en La Palma, donde las deformaciones registradas en la semana anterior a la erupción alcanzaron los 30 centímetros.
La infraestructura de control, que se apoya en una red de sismómetros operativos desde 2004, permite actualmente una monitorización en tiempo real. Pese a la inquietud que generan estas señales, el consenso técnico actual descarta una erupción inminente, interpretando la actividad reciente como parte de la compleja dinámica geológica que caracteriza a la isla, la cual se mantiene bajo una de las vigilancias volcánicas más exhaustivas a nivel internacional.