
Sara Socas protagoniza la séptima edición del Festival Taganana en Tenerife
La artista tinerfeña Sara Socas presenta su nueva propuesta musical junto a una banda femenina en la séptima edición del Festival Taganana, marcando una etapa de madurez creativa y consolidación como compositora.
La escena cultural canaria vive este fin de semana una cita de especial relevancia con la séptima edición del Festival Taganana, un encuentro que, según ha trascendido recientemente, contará con la participación destacada de la artista tinerfeña Sara Socas. El evento, que se desarrolla entre las localidades de San Andrés y Taganana, sirve como escenario para que la intérprete despliegue una propuesta musical renovada, respaldada por una banda compuesta exclusivamente por mujeres.
La presencia de Socas en este entorno natural de Anaga no es casual, sino que responde a una etapa de transición profesional en la que la artista busca consolidar su perfil como compositora más allá de su trayectoria consolidada en el ámbito del freestyle. Este cambio de paradigma, que se manifiesta en la preparación de su segundo álbum de estudio, refleja una búsqueda de madurez creativa y una mayor libertad en la exploración de géneros, alejándose de la inmediatez que a menudo impone la industria musical actual.
El festival, que apuesta por la descentralización de la oferta cultural fuera de los núcleos urbanos principales, se alinea con la visión de la artista sobre la importancia de democratizar el acceso a las artes en entornos rurales. Para Socas, este concierto supone un reencuentro con su lugar de origen, un factor que dota a la actuación de una carga emocional distinta a la de sus compromisos internacionales.
Más allá de su faceta como cantante, la tinerfeña mantiene su vinculación con la improvisación, disciplina que considera una herramienta fundamental para su desarrollo artístico. De hecho, su hoja de ruta incluye un objetivo competitivo claro: la final nacional de la Red Bull, programada para marzo de 2027 en Tenerife. Esta dualidad entre la composición introspectiva y la exigencia técnica del freestyle define el momento actual de una carrera que, tras alcanzar una notable visibilidad en un sector históricamente masculinizado, busca ahora profundizar en una narrativa personal y profesional más compleja y diversa.