
Nayra Sanz Fuentes: la estética nazi de Riefenstahl y su eco en el presente.
La cineasta Nayra Sanz Fuentes publica El cuerpo nazi, un ensayo que analiza cómo el cine de Leni Riefenstahl construyó la ideología totalitaria a través de la estética del cuerpo y su resonancia en la manipulación actual.
La reciente publicación del ensayo El cuerpo nazi. El cuerpo contenido. La estética del poder en el cine de Leni Riefenstahl (Trotta), de la cineasta y escritora canaria Nayra Sanz Fuentes, ofrece una profunda reflexión sobre la construcción de la ideología totalitaria a través de la imagen y su resonancia en el presente. Tal y como recoge una entrevista con DIARIO DE AVISOS, la autora aborda cómo el poder se inscribe en los cuerpos para legitimar un orden y cómo se forja una estética que visibiliza un ideal político, un análisis que Sanz Fuentes considera crucial para comprender no solo el surgimiento del nazismo, sino también la persistencia de mecanismos ideológicos similares.
El estudio de Sanz Fuentes se centra en dos de las obras más emblemáticas de Leni Riefenstahl (1902-2003): El triunfo de la voluntad (1935) y Olimpiada (1938), ambas filmadas en Alemania durante el apogeo del régimen de Adolf Hitler. La escritora subraya que Riefenstahl logró representar la ideología nacionalsocialista de manera casi exclusivamente visual, empleando el montaje y la composición estética para transmitir el mensaje del régimen. Para los nazis, el cuerpo no era meramente una realidad estética, sino un elemento intrínsecamente ligado a una postura política y social.
En este contexto, Sanz Fuentes desarrolla el concepto de "cuerpo contenido", que describe la representación física de valores como la belleza, la juventud, la fortaleza y el vigor, siempre en consonancia con una actitud social y política específica. Este "cuerpo contenido" implicaba la cesión de la voluntad y la conciencia individual en favor de la obediencia y la disciplina, un proceso que la autora extiende al "Estado contenido", donde la colectividad absorbe la individualidad de los ciudadanos. Para ilustrar esta idea, la ensayista recuerda lemas como "Tú no eres nada, tu pueblo lo es todo", presente en las escuelas de la época, o la declaración de Hermann Göring: "No tengo conciencia, mi conciencia es Adolf Hitler".
La obra también confronta las justificaciones de Riefenstahl tras la Segunda Guerra Mundial, quien alegaba ignorancia o la separación del arte de la política. Sanz Fuentes refuta estas posturas, vinculando la ambición de la cineasta a su "perdición" y señalando que sus intentos de justificación se asemejaban a las tácticas de manipulación y mentira empleadas por la propaganda nazi, liderada por Joseph Goebbels, quien defendía la repetición de una falsedad hasta convertirla en verdad. Las películas de Riefenstahl, aunque presentadas como documentales, son descritas por Sanz Fuentes como ejemplos de "realismo idealista", una construcción de la realidad que excluía deliberadamente todo aquello que no encajaba en el ideal nazi.
Al proyectar su análisis al presente, Sanz Fuentes advierte que, ochenta años después, la capacidad de tergiversar y manipular la información se ha perfeccionado, lo que ha derivado en una "sociedad de la desafección". A diferencia del nacionalsocialismo, donde se promovía una realidad que la gente estaba dispuesta a creer, la actualidad se caracteriza por una falta de certezas sobre lo que es verdad o mentira, generando una desafección que puede conducir a situaciones extremas. En cuanto al impacto de la globalización y la tecnología, la autora enfatiza que el desafío reside en cómo estas herramientas se integran en nuestras vidas: si como instrumentos al servicio del ser humano o como sistemas que se imponen, lo que pone en crisis el pensamiento crítico.
Finalmente, el ensayo de Sanz Fuentes reconoce la innegable influencia de Leni Riefenstahl en el lenguaje y la tecnología cinematográfica. La cineasta fue pionera en el desarrollo de herramientas como las cámaras subacuáticas, la introducción de puntos de vista inéditos, contrapicados iluminados de forma particular y posicionamientos de cámara inesperados, como el uso de cientos de cámaras en globos aerostáticos para Olimpiada. Más allá de la técnica, su estética de embellecimiento de los cuerpos y su "realismo idealista" perduran en la cultura visual contemporánea, especialmente en la publicidad, al presentar ideales de perfección física que, en la práctica, son inalcanzables.