Histórico debut del alcalde de Santiago del Teide en la Subida a Tamaimo

Histórico debut del alcalde de Santiago del Teide en la Subida a Tamaimo

Recurso: El Día

El alcalde de Santiago del Teide, Emilio Navarro, hizo historia al debutar en la 50ª Subida a Tamaimo, logrando un sorprendente 20º puesto en la Copa de España y 24º en el Campeonato de Canarias.

La 50ª edición de la Subida a Tamaimo será recordada por muchas cosas: el aniversario, los 130 participantes, y ser parte de la Copa de España, el Campeonato de Canarias y el de Tenerife. Pero lo que realmente la hizo histórica fue ver, por primera vez, a un alcalde de Santiago del Teide ponerse el mono, el casco y pisar el acelerador de un Peugeot 208 Rally4. Quería sentir desde dentro lo que miles de tinerfeños han admirado durante medio siglo.

Emilio Navarro, el alcalde, dejó por un día los presupuestos y las reuniones para sumergirse en un mundo totalmente diferente: el de la velocidad, los tramos cronometrados y la adrenalina. Para él, era un sueño hecho realidad.

No fue una participación de compromiso ni solo para la foto. El alcalde corrió de verdad y, para sorpresa de muchos, tuvo un debut excelente: quedó 20º en la Copa de España y 24º en el Campeonato de Canarias. Y eso que, como él mismo cuenta, llegó "prácticamente sin tiempo de entrenar".

Días después de la carrera, atiende a EL DÍA con una mezcla de sorpresa y alegría. Aún está asimilando todo lo que vivió. "Estoy asimilando un poco todo", confiesa.

No hay pose ni discursos políticos en sus palabras. Dice que se lo pasó "muy bien" y que fue "divertido". Su participación no parece un cálculo, sino algo mucho más personal, casi de toda la vida. "Para mí era cumplir un sueño, algo inolvidable para alguien que ha nacido en Tamaimo y que tiene tan interiorizada la Subida", explica.

Debutó en una de las pruebas más tradicionales, queridas y con más fama internacional de Canarias. El primer rugido de su Peugeot 208 Rally4, un coche rápido e inquieto, lo transportó a otro mundo.

Cuando le preguntan por el momento de ponerse el casco, justo antes de arrancar, describe: "Al principio estaba un poquito nervioso, esa sensación que uno tiene siempre en cualquier evento deportivo… Pero en las mangas siguientes era una sensación rara, pero de tranquilidad".

Navarro no buscaba marcar récords. Su plan era "divertirse y cumplir un sueño". Quizás por eso, por no ir a lo loco y simplemente vivir una experiencia que describe como "una de las cosas más bonitas" de su vida, el resultado sorprendió a muchos. "Nunca esperaba esos tiempos, tampoco sé si son buenos o malos… me dicen que son buenos", comenta.

Pero ningún sueño es fácil. Él casi se echa atrás por un momento de duda. "Llegó un momento en el que pensé: ¿Dónde voy yo? ¿Qué locura voy a hacer?", recuerda. La noche antes de la carrera sintió vértigo: "La noche antes decía: ¿Qué necesidad tenía yo de este jaleo?". Había ilusión, sí, pero también mucho respeto. Al final, siguió adelante gracias a la insistencia del dueño del coche, a quien agradece "enormemente que haya insistido".

Si algo distingue a la Subida a Tamaimo es "la bajada". Es el momento en que los pilotos regresan y la gente forma un pasillo, aplaudiendo, animando y gritando sus nombres. "La bajada es algo espectacular: ese pasillo que te hace el aficionado, que te aplaude, que te va nombrando... y las muestras de cariño que te dan, no solo a mí, que soy del pueblo y me conocen, sino también a la gente que viene de fuera, a todos los pilotos, a todos los equipos, sean grandes o pequeños", explica. Esa es la magia de Tamaimo: una tradición y una afición que acoge por igual a ídolos internacionales y a los que debutan. El alcalde recuerda el caso de Paolo Diana, un piloto italiano muy famoso en rallies de exhibición, que terminó la prueba con lágrimas en los ojos: "Paolo Diana bajaba llorando, las lágrimas se le salían".

El alcalde, que apenas tuvo tiempo de probar el coche –solo un poco el jueves por la tarde en el karting–, confiesa que su preparación fue mínima: unas vueltas para familiarizarse con los mandos, escuchar al dueño del vehículo "explicar cuatro cosas" y lanzarse casi sin más. ¿Habrá una segunda vez? "No lo sé. Ya cumplí este sueño. Ahora me estoy bajando de esa nube", concluye.