
Vendedores del Rastro de Santa Cruz inician una recogida de firmas para regresar a su ubicación original
Vendedores del Rastro de Santa Cruz de Tenerife han iniciado una recogida de firmas para exigir al Ayuntamiento el retorno del mercadillo a su ubicación histórica junto al Mercado Nuestra Señora de África, alegando pérdidas económicas y la desvirtuación de su identidad tras el traslado a la avenida Marítima.
La reubicación del Rastro de Santa Cruz de Tenerife, materializada el pasado 16 de marzo de 2025 en la avenida Marítima, ha desencadenado una respuesta organizada por parte de los vendedores afectados. Tal y como recoge la información difundida recientemente, un grupo de comerciantes ha iniciado una recogida de firmas a través de la plataforma Change.org para solicitar formalmente al Consistorio capitalino el retorno de esta actividad a su emplazamiento histórico, junto al Mercado Nuestra Señora de África y las denominadas casetas azules.
El descontento del sector se fundamenta en una percepción de declive económico y social tras el traslado. Según los datos expuestos por los promotores de la iniciativa, que ya cuenta con cerca de 120 adhesiones, la actual disposición —repartida entre la acera superior y el área de estacionamiento inferior— ha fracturado la dinámica comercial y el tejido relacional que caracterizaba al mercadillo en su ubicación original. Para los vendedores, el cambio de coordenadas no solo afecta a la rentabilidad de sus puestos, sino que desvirtúa un elemento que consideran parte del patrimonio inmaterial y la identidad urbana de la capital tinerfeña.
Más allá de la queja administrativa, la estrategia de los comerciantes busca una interlocución institucional amplia. La petición no se dirige exclusivamente al Ayuntamiento, sino que pretende involucrar al PSOE, a la Diputación del Común y a la cooperativa de La Recova. El argumento central de los impulsores sostiene que la centralidad y la tradición son factores determinantes para el éxito de los mercados al aire libre, defendiendo que el entorno del Mercado de África actúa como un catalizador natural de cohesión social y actividad económica que el nuevo enclave no logra replicar.
Este conflicto pone de relieve la tensión habitual en la gestión urbanística de las ciudades españolas, donde la búsqueda de una mayor fluidez en la movilidad o la reorganización de espacios públicos suele colisionar con la preservación de los usos tradicionales. La defensa de los comerciantes se apoya en la premisa de que la accesibilidad y el arraigo histórico son activos que, una vez desplazados, difícilmente pueden ser sustituidos por nuevas ubicaciones, planteando un debate sobre cómo las políticas municipales deben equilibrar la modernización de la trama urbana con la protección de las dinámicas comunitarias preexistentes.