
Paralizada la modernización del Rastro de Santa Cruz tras quedar desierta la licitación de las carpas
La modernización del Rastro de Santa Cruz de Tenerife se retrasa tras quedar desierta la licitación de las nuevas carpas, obligando al Ayuntamiento a replantear el proceso mientras prepara una reforma normativa para profesionalizar la gestión del mercadillo.
La modernización del Rastro de Santa Cruz de Tenerife se enfrenta a un nuevo escollo administrativo que prolonga la incertidumbre sobre las condiciones en las que se desarrolla esta actividad comercial. Tal y como recoge la información publicada recientemente, el proyecto municipal para dotar al mercadillo de 401 carpas estandarizadas ha quedado paralizado tras declararse desierta la licitación pública, valorada en 268.254 euros.
El fracaso de este concurso, motivado por el incumplimiento de los requisitos técnicos por parte de las tres empresas licitadoras, obliga al Consistorio a replantear el proceso mediante un procedimiento negociado sin publicidad. Esta demora mantiene a los vendedores en la avenida Marítima, ubicación a la que fueron trasladados desde el entorno del Mercado Nuestra Señora de África bajo criterios de seguridad. Según los informes técnicos municipales, el emplazamiento original presentaba deficiencias operativas que hacían inviable el control efectivo de la actividad, una tesis que el concejal de Planificación Estratégica, Carlos Tarife, defendió durante la última sesión plenaria.
El debate político en torno a este traslado ha cobrado especial relevancia ante las denuncias del grupo socialista, que vincula la nueva localización con un descenso en la facturación de los comerciantes y una carencia de infraestructuras básicas, como zonas de sombra. Ante estas críticas, el equipo de gobierno ha puesto sobre la mesa la necesidad de auditar la situación real de los vendedores. El Ayuntamiento prevé solicitar la documentación fiscal y las licencias de los titulares de los puestos para realizar un análisis comparativo de ingresos que permita determinar si existe un impacto económico negativo derivado del cambio de ubicación.
Más allá de la gestión logística, el mantenimiento del Rastro supone un desembolso anual de 463.000 euros para las arcas públicas, una cifra que engloba las partidas de limpieza, vigilancia y gestión administrativa. Con el objetivo de profesionalizar la interlocución con el sector, el Ejecutivo local ha avanzado que, tras el periodo estival, se iniciará una reforma de la ordenanza municipal. Esta modificación normativa pretende institucionalizar una Mesa del Rastro, un órgano de representación similar al que regula el sector del taxi, con el fin de que los titulares de las licencias cuenten con un canal de participación directa y democrática en la toma de decisiones.