
Santa Cruz de Tenerife regulará a los músicos callejeros para integrar su actividad en la ciudad
El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife inicia los trámites para regular la actividad de los músicos callejeros mediante una mesa de diálogo que busca armonizar la expresión artística con la convivencia vecinal.
La gestión del espacio público en Santa Cruz de Tenerife se enfrenta a un cambio de paradigma. Tal y como ha trascendido recientemente, el Ayuntamiento capitalino, a través de su Organismo Autónomo de Cultura (OAC), ha iniciado los trámites para establecer un marco normativo que ordene la presencia de músicos callejeros en la ciudad, una demanda histórica de este colectivo que busca compatibilizar su labor artística con la convivencia vecinal.
El concejal de Cultura, Santiago Díaz-Mejías, ha confirmado su intención de abrir una mesa de diálogo con los representantes de estos artistas antes de que concluya el presente ejercicio. El objetivo municipal es doble: por un lado, dotar a los intérpretes de ubicaciones específicas que cuenten con infraestructuras técnicas adecuadas —incluyendo puntos de conexión eléctrica y plataformas elevadas— y, por otro, establecer un régimen de horarios y permisos que otorgue seguridad jurídica a los músicos frente a posibles intervenciones policiales. Esta iniciativa pretende evitar la arbitrariedad en la ocupación de la vía pública, integrando la música en vivo como un elemento dinamizador del entorno urbano, una práctica habitual en grandes capitales europeas y peninsulares que, hasta la fecha, carecía de una regulación específica en la capital tinerfeña.
La viabilidad de este proyecto dependerá de la capacidad presupuestaria del Consistorio, que deberá evaluar tanto la adecuación de las localizaciones como las necesidades técnicas planteadas por los propios artistas. Más allá de esta regularización, el OAC ha puesto sobre la mesa una ambiciosa hoja de ruta cultural que contempla la creación de un encuentro coral de carácter nacional e internacional. Este evento, que aspira a convertir a Santa Cruz en un nodo de referencia para formaciones vocales, buscaría utilizar el patrimonio arquitectónico y religioso de la ciudad —desde iglesias hasta teatros y plazas— como escenario para la difusión de la música polifónica.
La regulación de las actuaciones en la calle no solo responde a una necesidad de orden público, sino que refleja la tensión constante entre el derecho al descanso de los residentes y el uso del espacio común como plataforma de expresión cultural. Al formalizar esta actividad, el Ayuntamiento busca transformar un fenómeno a menudo espontáneo y sujeto a la precariedad en una oferta cultural reglada, capaz de convivir con el tejido social de la ciudad sin generar fricciones.