La brecha de renta parte Santa Cruz en dos

La brecha de renta parte Santa Cruz en dos

Recurso: El Día

Santa Cruz de Tenerife evidencia una profunda brecha económica entre barrios como Las Mimosas, con rentas altas, y Añaza, que registra los ingresos más bajos de Canarias.

Por un lado, urbanizaciones con piscina privada y chalets familiares con asistentas. Por otro, edificios viejos y desconchados, con cables a la vista, y bares que sirven los cafés de siempre. Este es un retrato de contrastes que muestra, con palabras e imágenes, una profunda brecha económica. Las diferencias entre los barrios más ricos y más pobres de las capitales canarias van más allá de los números. El último Atlas de Distribución de la Renta de los Hogares, con datos de 2023, nos ayuda a entender estas diferencias, que se ven claramente en el día a día de la gente.

Esta diferencia es muy clara en Santa Cruz de Tenerife. En Las Mimosas, la zona más rica de la capital tinerfeña con una renta media de 124.345 euros al año, encontramos chalets elegantes y zonas verdes en sus calles estrechas y empinadas.

En la misma ciudad está también el barrio con la renta anual más baja de todas las Islas: Añaza. Con unos ingresos de 22.675 euros al año, es conocido por el ajetreo de coches en horas punta. Allí conviven grandes grafitis, cafeterías y talleres de costura para jóvenes en riesgo de exclusión social.

Andrés acaba de cumplir 11 años. Su padre es abogado y su madre secretaria a media jornada en la consulta de un ginecólogo. Él sueña con estudiar Derecho y tener su propio despacho. Vive a solo tres calles del colegio, pero los poco más de 500 metros que separan su chalet familiar de la entrada del centro educativo los recorre en el asiento trasero de un SUV. Antes de que baje del coche eléctrico blanco, el conductor le abre el maletero para que coja su mochila.

Las calles de Las Mimosas son estrechas y empinadas, y a muchas no llega el transporte público de Titsa. Esto obliga a los vecinos a caminar un poco para coger la guagua. Ignacio se jubiló hace cinco años —fue empleado de banca "cuando nos dejaban hacer cosas, porque ahora todo está en manos de los ordenadores", se queja— y ahora espera la línea 902 para ir al Barrio Nuevo. Su coche está en el taller y ya le han dado el primer disgusto del día: "El arreglo cuesta más de 600 euros... Está algo mayor, pero tiene que durar", suplica mirando al cielo gris.

Alberto tiene 14 años. Su padre es repartidor y su madre cajera en un supermercado. Él quiere ser diseñador gráfico y estudia en el IES María Rosa Alonso de Añaza. Vive a dos kilómetros del instituto y suele ir caminando. Solo coge la guagua cuando "hace mal tiempo o no le apetece andar". Su familia ha comprado un décimo del 01333 para el Sorteo de Navidad, que se anuncia a la entrada del centro. "¡A ver si toca!", dice sin mirar atrás, perdiéndose entre un grupo de adolescentes.

Muy cerca de allí, Luisa espera la guagua 036 de Titsa. Es camarera en una cafetería de Taco y confiesa que "se ahorra un buen dinero con el transporte público gratuito". Eso sí, hay días en los que necesita mucha paciencia para "sobrevivir en la marquesina al frío y a la soledad, sobre todo, al anochecer".

Un repartidor de DHL comprueba que está en el número correcto de la calle Emilio Serra Fernández Moratín. Los datos que anota en el justificante de entrega son los de una asistenta que prefiere no dar su nombre. Antes de cerrar la reja, le dice "buenos días" con una sonrisa cómplice, como si dijera "no me meta en un lío, por favor". En Las Mimosas no hay muchos negocios de servicios (sí clínicas de estética, estudios de arquitectura o una farmacia que abre 24 horas). Para algo tan simple como echar la Bonoloto, hay que ir a un pequeño estanco con un letrero de EL DÍA, en el cruce de las calles del Olvido y de los Sueños. Allí, un señor con un gran 4x4 aparca en la parada de guaguas, entra y pide una apuesta de Euromillones. La dependienta le recuerda que La Primitiva tiene un bote de 61,5 millones, y la tentación le gana: se lleva una papeleta y el 53.188 de la Lotería del jueves pasado.

En un bar de la avenida de Añaza, un anciano lee un diario deportivo mientras se toma un "leche y leche". Grita a nadie en particular que "Xabi Alonso está liquidado después de la victoria agónica del Real Madrid en la Copa contra el Talavera". Como nadie le sigue la conversación, cambia de tema y empieza a hablar de lo que hace falta en el barrio. "Yo ya no lo veré, pero no nos vendría nada mal una línea de tranvía. Si lo hicieron en Taco y están pensando en llevarlo a Las Teresitas y a Los Rodeos, ¿no habrá alguien que piense que aquí también es muy necesario?", dice el extaxista al aire, sin que nadie le responda.

Cerca de allí, Feli da clases de costura, patronaje y diseño. Empezó estudiando carpintería, pero cuando vio que "se pasaba el día haciendo cojinetes", se pasó al mundo del diseño. Ahora enseña a coser a jóvenes en riesgo de exclusión.

Yessica y Jony atienden a los clientes que almuerzan en dos mesas interiores. La Tasca de Enfrente es un clásico de Las Mimosas, lleva 52 años abierta y es un punto de encuentro no solo para los vecinos, sino para muchos santacruceros. "Hay días tranquilos y otros en los que no damos abasto", comentan. Entre los dos, suman una década en un oficio donde siempre "hay que ofrecer una buena sonrisa". Una sonrisa igual de dulce que la que, a un par de calles, Andrea, Blanca, Loli y Yurena regalan a sus clientes en la dulcería López Echeto. Loli es la más veterana, lleva 42 años en la empresa (empezó en la tienda cerca de la Plaza de Toros) y ha pasado por la cafetería y la heladería. "Viene mucha gente del barrio, pero la clientela es más amplia y viene de diferentes puntos de la ciudad", dice una de las cinco mujeres que trabajan a pleno rendimiento para atender los muchos pedidos navideños. "Vienen días de mucho trabajo, pero las cosas siempre salen bien".

El tráfico en la zona comercial de Añaza es tremendo; encontrar aparcamiento es casi imposible. Las compras de Nochebuena y Navidad han llenado los grandes supermercados de clientes. Consumidores y trabajadores se toman un pequeño respiro para comer algo rápido en una cafetería o hamburguesería cercana. La situación empeora cuando sale la gente del instituto y muchos estudiantes buscan también un menú rápido. En una zona un poco más apartada, Fefi arregla las instalaciones de Mujeres de Añaza Emprendedoras (MAE).

"Abrimos de nueve de la mañana a cuatro de la tarde, pero al final me quedo un poquito más porque me gusta encontrarlo todo limpio al día siguiente", cuenta Fefi con una gran sonrisa, refiriéndose al local donde se enseña "a jóvenes y no tan jóvenes" las bases del modelaje.