Santa Cruz de Tenerife refuerza su equipo de protección al menor ante la atención de 812 casos

Santa Cruz de Tenerife refuerza su equipo de protección al menor ante la atención de 812 casos

Recurso: Diario de Avisos

El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife refuerza su equipo de protección a la infancia con cinco nuevos especialistas para atender a los 812 menores bajo seguimiento municipal.

La gestión de la protección a la infancia en Santa Cruz de Tenerife atraviesa una fase de reajuste operativo ante la necesidad de dar cobertura a 812 menores que, a fecha de octubre de 2026, se encuentran bajo el seguimiento de los servicios municipales. Según los datos facilitados por el Servicio de Atención Social del Consistorio, la administración local ha optado por ampliar su capacidad técnica mediante la incorporación de cinco nuevos especialistas —tres psicólogos, un trabajador social y un educador social—, elevando la plantilla total a 23 efectivos. Esta medida responde a una estrategia de redistribución de cargas de trabajo, vital para garantizar la eficacia en un sistema que opera bajo una estructura de siete demarcaciones territoriales.

El mapa de la vulnerabilidad en la capital tinerfeña presenta una distribución desigual, con Ofra a la cabeza al concentrar 250 casos, seguida por Barranco Grande (197), Salud (115), Centro (78), Gladiolos (76), Añaza (59) y Anaga (37). La labor de estos equipos multidisciplinares es fundamental en el engranaje de protección social, ya que actúan como el primer filtro ante situaciones de desprotección. El protocolo se activa mediante alertas externas —provenientes de centros docentes, sanitarios o agentes sociales— que notifican indicadores de alarma como el absentismo escolar o la carencia de cuidados básicos.

El enfoque del Ayuntamiento se centra, en primera instancia, en la intervención preventiva dentro del núcleo familiar. El objetivo es revertir las dinámicas de riesgo antes de que la situación escale hacia estadios de mayor complejidad. No obstante, el marco normativo vigente obliga a una actuación escalonada: si las medidas de apoyo y el seguimiento técnico no logran estabilizar el entorno del menor, el expediente se traslada a la Dirección General de Protección a la Infancia y las Familias del Gobierno de Canarias. En este punto, la coordinación con la Fiscalía de Menores se vuelve preceptiva, pudiendo derivar, en los supuestos más críticos, en la declaración de desamparo y la consiguiente separación del menor de su entorno familiar para garantizar su integridad física y emocional.

Este refuerzo de personal no es baladí en un contexto donde la detección precoz se ha convertido en el eje central de las políticas de bienestar social. La capacidad de respuesta del sistema no solo depende de la voluntad política, sino de la suficiencia de recursos humanos especializados capaces de realizar valoraciones técnicas precisas, un desafío constante para las administraciones locales que deben equilibrar la intervención inmediata con el acompañamiento a largo plazo de las familias en situación de vulnerabilidad.