
Polémica en Santa Cruz de Tenerife por la propuesta de un nuevo carril bici en la Rambla
La propuesta del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife para habilitar un carril bici en la Rambla ha generado críticas de la asociación Tenerife por la Bici, que reclama la ejecución integral de la Red Ciclable de 2023 en lugar de actuaciones aisladas.
La reciente propuesta del concejal de Servicios Públicos de Santa Cruz de Tenerife, Carlos Tarife, para habilitar un carril bici en la Rambla de la capital, ha reabierto el debate sobre el modelo de movilidad sostenible en la ciudad. Tal y como recoge la información publicada recientemente, la iniciativa busca conectar el área peatonal situada entre Las Tinajas y la avenida de Anaga, una medida que ha sido recibida con escepticismo por parte de la asociación Tenerife por la Bici.
Desde el colectivo ciclista, su portavoz Argelia Álvarez ha cuestionado la eficacia de esta intervención puntual. La organización sostiene que, si bien cualquier iniciativa que fomente el uso de la bicicleta es bienvenida en términos generales, la prioridad municipal debería centrarse en la ejecución integral de la Red Ciclable aprobada en 2023. Dicho plan maestro contempla siete itinerarios interconectados, una estructura que, a juicio de la asociación, resulta más coherente que la creación de segmentos aislados que carecen de continuidad real para el usuario.
El análisis de la asociación subraya una discrepancia técnica fundamental respecto a la ubicación de estas infraestructuras. Mientras que la propuesta municipal se orienta hacia un modelo de acera-bici, el itinerario número 4 del plan de 2023 —que cubre el eje entre las avenidas Benito Pérez Armas y Anaga— está diseñado para integrarse en la calzada. Esta diferencia no es menor: el enfoque de la red oficial busca reducir la carga de vehículos motorizados en el casco urbano, preservando al mismo tiempo el espacio destinado al tránsito peatonal.
En última instancia, la postura de Tenerife por la Bici pone de relieve la brecha existente entre las actuaciones de carácter recreativo y las políticas de movilidad activa que se aplican en otros entornos europeos. Según advierten, la implementación de carriles segregados sobre zonas peatonales podría mitigar roces entre viandantes y ciclistas, pero resulta insuficiente para transformar los hábitos de desplazamiento en una capital que, históricamente, ha mantenido cifras de uso de la bicicleta muy alejadas de los estándares de sostenibilidad actuales.