Vecinos de San Miguel de Tajao denuncian el colapso circulatorio y la saturación de sus infraestructuras

Vecinos de San Miguel de Tajao denuncian el colapso circulatorio y la saturación de sus infraestructuras

Recurso: Diario de Avisos

Los residentes de San Miguel de Tajao denuncian un colapso circulatorio crónico agravado por las obras del muelle y la saturación turística, lo que reabre el debate sobre la gestión de los espacios costeros en Canarias.

La gestión de los espacios costeros en Canarias vuelve a situarse en el centro del debate tras las quejas trasladadas por los residentes de San Miguel de Tajao, en Arico, quienes denuncian una saturación crónica de sus infraestructuras viarias. Tal y como recoge la información publicada recientemente, el núcleo pesquero afronta un colapso circulatorio recurrente durante los fines de semana, una problemática que, según los datos municipales, deriva de una población flotante que llega a multiplicar por tres el censo habitual de 300 habitantes.

El conflicto, que ha sido puesto de manifiesto por la asociación vecinal presidida por Pilar García, se ha visto agudizado por la ejecución de las obras de rehabilitación del muelle pesquero. Esta intervención, financiada por el Ejecutivo regional con una partida superior a los 1,2 millones de euros, ha restringido la disponibilidad de estacionamiento en una zona de alta demanda gastronómica. La previsión del Consistorio es que estos trabajos, iniciados el pasado octubre, finalicen entre el presente mes y el siguiente, lo que debería aliviar parcialmente la presión sobre el área portuaria.

Desde la administración local, el alcalde Andrés Martínez ha defendido la gestión realizada, señalando la escasez de suelo público como el principal obstáculo para ampliar la oferta de aparcamiento. A pesar de los intentos fallidos por alcanzar acuerdos de cesión con propietarios privados, el Ayuntamiento sostiene haber habilitado bolsas de estacionamiento en el entorno de Las Arenas y en los márgenes de la vía de acceso a la localidad.

Este escenario pone de relieve la tensión habitual en los enclaves costeros del archipiélago, donde la convivencia entre la actividad económica —en este caso, una decena de establecimientos de restauración— y la calidad de vida de los residentes se ve comprometida por el auge del turismo de proximidad y el caravanismo. La falta de alternativas de movilidad y la limitada capacidad de carga de los núcleos tradicionales de pescadores plantean un desafío urbanístico que trasciende la coyuntura de las obras actuales, exigiendo una planificación territorial que logre equilibrar la afluencia de visitantes con el derecho al descanso y la accesibilidad de los vecinos.