San Juan de la Rambla traslada sus cultos de Semana Santa por las obras en la Parroquia Matriz

San Juan de la Rambla traslada sus cultos de Semana Santa por las obras en la Parroquia Matriz

Recurso: Diario de Avisos

Las obras de restauración en la Parroquia Matriz de San Juan Bautista obligan a trasladar los cultos de Semana Santa de San Juan de la Rambla a espacios provisionales, manteniendo intacta la tradición de sus ritos centenarios.

La Semana Santa en San Juan de la Rambla se enfrenta este año a un escenario atípico, marcado por la necesidad de trasladar sus cultos fuera de la Parroquia Matriz de San Juan Bautista debido a las obras de restauración que ejecuta el Cabildo de Tenerife. Tal y como recoge el cronista oficial de la villa, esta coyuntura obliga a reubicar actos de gran calado identitario en un espacio privado de la calle Estrecha, un cambio que no ha mermado el compromiso de la comunidad con sus ritos centenarios.

El patrimonio inmaterial de este municipio tinerfeño se articula en torno a tres hitos litúrgicos que definen su idiosincrasia. El más notable es la ceremonia del sepulcro, un ritual que alcanza su 121.º aniversario. Durante la noche del Viernes Santo, tras la Procesión Magna, la imagen del Señor Difunto es depositada en un sarcófago de madera, pieza de ebanistería datada en 1905, obra de Leoncio Borges Aguiar. Este acto, caracterizado por un rigor escénico que incluye el cese de la música de la Banda Alcaraván y el apagado de la iluminación del templo en el momento del cierre, se celebrará excepcionalmente este año en la capilla del Cementerio Parroquial, dada la inhabilitación temporal del templo principal.

La singularidad de la liturgia ramblera se extiende hasta el Domingo de Resurrección. En esta jornada, la función religiosa incorpora un elemento distintivo: la presencia de aves en el interior del recinto, una costumbre local que aporta un matiz sonoro a la celebración. Posteriormente, la procesión del Santísimo recorre el casco histórico —declarado Bien de Interés Cultural—, cuyas calles se engalanan para la ocasión con vegetación de haya.

Más allá de la coyuntura actual, el relato de estas tradiciones pone de manifiesto la resiliencia de una identidad colectiva que, aunque ha visto desaparecer representaciones vivas de la Pasión que antaño atraían a cientos de visitantes, mantiene intacta la estructura de sus cultos. La adaptación de estos ritos a espacios provisionales subraya la importancia que el municipio otorga a la preservación de su legado frente a las necesidades técnicas de conservación del patrimonio arquitectónico.