
La Medida: el reto de la cohesión social ante la gentrificación rural en Güímar
El núcleo de La Medida, en Güímar, enfrenta una creciente fractura social y la pérdida de su identidad tradicional debido a la gentrificación rural y la escasa integración de los nuevos residentes.
La transformación demográfica y social que experimentan las zonas rurales de Tenerife encuentra un caso de estudio paradigmático en La Medida, un núcleo poblacional situado en las medianías de Güímar. Tal y como recoge una reciente crónica local, este enclave de apenas 300 residentes permanentes se enfrenta a la tensión entre la preservación de su identidad comunitaria tradicional y la llegada de nuevos perfiles residenciales, un fenómeno que está alterando la dinámica de convivencia en gran parte de la geografía insular.
El análisis de la realidad cotidiana en este sector de la vertiente este tinerfeña revela una dicotomía creciente. Mientras que el núcleo histórico de vecinos mantiene una estructura de apoyo mutuo —articulada a través de la asociación Guayota y actividades como la biodanza o la artesanía—, la integración de los nuevos residentes, muchos de ellos extranjeros o propietarios de viviendas vacacionales, resulta escasa. Esta fractura social se manifiesta en una pérdida de la cohesión vecinal, donde el saludo cordial ha sustituido a la red de confianza mutua que caracterizó históricamente a este asentamiento agrícola.
Desde una perspectiva socioeconómica, La Medida ejemplifica el tránsito de una economía de subsistencia, basada en la ganadería y el cultivo, hacia un modelo de dependencia externa. Aunque los servicios básicos, como el transporte público, el taxi a demanda y el comercio de proximidad, permiten una vida autónoma, la dependencia del vehículo privado es absoluta debido a la orografía y a la ubicación del núcleo, atravesado por la carretera TF-28. Esta infraestructura, de trazado sinuoso y pendiente pronunciada, constituye el principal eje de conexión con el casco urbano de Güímar, donde se centralizan los servicios educativos y sanitarios.
La memoria colectiva de los residentes de mayor edad, como Cira Torres, ofrece un testimonio valioso sobre la evolución de las condiciones de vida en las medianías. El relato de una posguerra marcada por la escasez y la vigilancia forestal contrasta con la actual estabilidad, aunque los habitantes advierten que la proliferación de viviendas destinadas al alquiler vacacional y la llegada de residentes sin vínculos con el territorio están erosionando el tejido social. Este proceso de "gentrificación rural" no solo afecta a la interacción humana, sino que plantea interrogantes sobre el futuro de la identidad cultural de estos núcleos, cuya cohesión dependía, hasta hace poco, de una red de relaciones personales estrechas y de una historia compartida en torno a hitos como las festividades de San Antonio de Padua.