La roseta, declarada BIC por Canarias, con la vista en la Unesco.

La roseta, declarada BIC por Canarias, con la vista en la Unesco.

Recurso: El Día

El Gobierno de Canarias ha declarado la roseta, técnica artesanal de encaje con aguja, Bien de Interés Cultural, impulsando su reconocimiento internacional y el resurgimiento de este oficio ancestral en Tenerife.

La roseta, una técnica artesanal tradicional, ha sido declarada Bien de Interés Cultural (BIC) por el Gobierno de Canarias. Esta noticia, publicada en el Boletín Oficial de la Comunidad Autónoma (BOC) el pasado 14 de octubre, es un paso importante. Efraín Medina, consejero insular y gran defensor de la artesanía en Tenerife, sigue soñando con que este antiguo oficio sea reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. La roseta es una técnica auténtica de aguja y encaje que se ha transmitido de generación en generación, y se mantiene viva principalmente en el sur de Tenerife y en algunas partes de Lanzarote.

Medina, quien ahora es consejero de Empleo, Educación y Juventud del Cabildo, comenta: «Durante nueve años luchamos para que la roseta fuera declarada Bien de Interés Cultural Inmaterial, y por fin lo hemos logrado». Explica que este es uno de los oficios artesanales más antiguos de Tenerife, y desde aquí se extendió por el mundo. Por ejemplo, dio origen al yanduti en Paraguay, a los soles de Maracaibo en Venezuela, a los soles en Cuba y a técnicas similares en Puerto Rico. «Viajó y regresó con los flujos migratorios», añade el consejero.

Efraín Medina continúa explicando que la roseta llegó incluso a la Inglaterra colonial. Allí, se contrataban institutrices de Tenerife para enseñar esta fina y típica técnica de bordado a las clases altas, especialmente en Londres. La roseta también tiene un "hijo" en Croacia, un bordado que ya es Patrimonio de la Humanidad. Medina destaca que hay rastros y referencias de la roseta en muchas otras partes del mundo.

El Cabildo de Tenerife, en colaboración con el Centro Internacional para la Conservación del Patrimonio (Cicop), está preparando el expediente para que la roseta de Tenerife y de Canarias sea declarada Patrimonio de la Humanidad. Medina afirma que es un oficio «único, auténtico y verdaderamente nuestro». Y añade: «Seguiremos todos los pasos necesarios. El catedrático y presidente del Cicop, Francisco Aznar, está haciendo un trabajo excelente para lograrlo».

La roseta es un tipo de encaje hecho con aguja, sin necesidad de una tela de base, lo que la hace única. Para crearla, se usa una base acolchada y circular llamada "pique", donde se colocan alfileres según el diseño. Luego, se empieza a tejer entrelazando el hilo de forma radial (a esto se le llama "hurdido"). Después, se usa la aguja para "tramar" y hacer nudos hasta completar la figura simétrica. Es un trabajo minucioso con un gran valor histórico, cultural y etnográfico que ha perdurado a lo largo de los siglos.

Aunque hace poco esta técnica estuvo en riesgo de desaparecer, en los últimos años ha resurgido con fuerza. Actualmente, unos 500 alumnos están aprendiendo roseta en los 31 municipios de la isla, según los artesanos expertos. La venta de estos productos artesanales se enfoca en el mercado de lujo, ya que se utilizan para joyería, complementos y accesorios de uso diario. Efraín Medina asegura que «se venden y son muy valorados».

Medina concluye: «Enrique Loewe afirmó que el lujo es todo lo que lleva un componente artesanal». Y comparte una anécdota personal: «Mientras veía la serie El Gatopardo, ambientada en Sicilia, pausé la imagen para buscar posibles rosetas en los trajes. Hice lo mismo en el último cónclave papal». Francisco Aznar, ex viceconsejero regional de Acción Exterior, lo resume así: «El patrimonio es todo aquello del pasado que conforma nuestro presente». Y la roseta es un claro ejemplo.

El pasado octubre, Tenerife impulsó el reconocimiento internacional de la roseta al convertirse en la capital mundial del encaje. La isla acogió un foro de expertos sobre esta técnica artesanal de aguja, atrayendo a cientos de personas en La Laguna y Tegueste. Este evento consolidó a Tenerife como un centro clave para preservar y difundir este arte textil. Participaron 32 ponentes de nueve países de América y Europa, creando un espacio de intercambio cultural con charlas y actividades en la calle.

Las principales conclusiones del foro fueron dos: primero, analizar cómo proteger el encaje como un símbolo de identidad y patrimonio cultural. Y segundo, buscar maneras de mejorar su comercialización y convertirlo en una actividad que genere desarrollo económico, aprovechando su valor para la alta costura.

El encaje es un elemento presente en muchas culturas, usado como adorno religioso, parte de la vestimenta tradicional y en la moda actual. La Unesco ya lo ha reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en países como Croacia o Francia. En Canarias, técnicas como el calado y la roseta son símbolos de la identidad de las islas y un ejemplo de un saber artesanal que se ha pasado de generación en generación, siendo un oficio productivo y con futuro. La roseta, que representa una tradición artesana y una forma de vida, ya es Bien de Interés Cultural. Sin embargo, el camino para lograr su reconocimiento mundial continúa. Es un BIC canario, pero con un fuerte arraigo en Tenerife.

En el mundo de la roseta, es notable la creciente participación de hombres en un oficio que tradicionalmente ha sido muy femenino. Efraín Medina comenta que antes «los hombres se escondían para trabajar y sus mujeres figuraban como las artesanas». Pero hoy, con orgullo, afirma: «Ahora tenemos roseteros». Un gran ejemplo es Antonio Rodríguez, de Palo Blanco (Los Realejos), un rosetero de pura cepa.

Antonio creció rodeado de mujeres —su madre, abuelas y tías—, y las agujas y el pique eran su pasatiempo. Para él, la declaración de BIC es «una buena noticia y un gran apoyo para los artesanos». Explica su conexión con el oficio: «De mi madre heredé el calado y de mi abuela paterna, de Arona, la roseta». De niño aprendió estas técnicas sin imaginar que hoy serían su sustento. Antonio se siente afortunado, pues después de probar varios oficios, pensaba que «un artesano no vive de su trabajo».

Sin embargo, en su caso ha sido diferente. Desde 2016, Antonio es un profesional reconocido gracias a sus creaciones. Actualmente, imparte clases «por toda la isla, de norte a sur», y cuenta con entre 230 y 250 alumnos, contribuyendo a mantener y difundir este arte. Él lo resume así: «Siempre digo que quiero que me recuerden por lo que hago, no por lo que gano».

Además de su labor docente en Tenerife, Antonio también ofrece talleres en la península. De hecho, está organizando uno para diciembre en un lugar emblemático del sector textil español: el Museo del Traje de Madrid. Gracias a artesanos como Antonio Rodríguez, un experto en calado y roseta, estas auténticas joyas hechas a mano tienen un futuro prometedor tanto en la isla como en el resto del mundo.