El activismo gitano en Canarias: una lucha contra la discriminación y por la plena integración

El activismo gitano en Canarias: una lucha contra la discriminación y por la plena integración

Recurso: El Día

La trayectoria de la activista Josefa Fernández visibiliza la lucha del pueblo gitano en Canarias contra los prejuicios estructurales y por una mayor integración social en el archipiélago.

La visibilidad del pueblo gitano en Canarias ha dado un paso cualitativo gracias a la labor de figuras como Josefa Fernández, cuya trayectoria ha sido recientemente documentada en una crónica que pone de relieve la persistencia de los prejuicios estructurales en el archipiélago. Tal y como recoge el reportaje original, la historia de esta activista y su familia en Tenerife sirve como hilo conductor para analizar una realidad demográfica que, aunque asentada desde hace décadas, sigue enfrentándose a barreras de integración significativas.

La presencia romaní en las islas, con un núcleo poblacional que supera las 450 familias —cerca de 3.000 personas—, se concentra mayoritariamente en Tenerife, con especial incidencia en el barrio de La Cuesta, en San Cristóbal de La Laguna, y en zonas como Añaza, Arona y Granadilla de Abona. Este asentamiento, que se intensificó durante el siglo XX debido a los desplazamientos migratorios provocados por la persecución política en la Península, ha logrado hitos institucionales sin precedentes. Entre ellos, destaca la inauguración en La Laguna de la primera oficina de atención integral a la mujer y familia gitana en España, así como la designación de una plaza con el nombre de Fernández, un reconocimiento inédito para una mujer gitana no vinculada al ámbito artístico.

El análisis de esta trayectoria permite observar cómo el activismo ha evolucionado desde la ruptura de roles tradicionales —como la obtención de permisos de conducir o la formación académica— hacia la mediación social profesionalizada. Pilar Heredia, mediadora social e hija de la activista, subraya que el principal obstáculo actual ya no reside exclusivamente en las normas internas de la comunidad, sino en la discriminación externa que dificulta el acceso al mercado laboral, la vivienda y el sistema educativo. Esta situación de vulnerabilidad, que se manifiesta en la escasez de referentes gitanos en las instituciones públicas, es el motor de la asociación Romí Camela Nakerar, que busca fomentar el éxito académico y profesional de las nuevas generaciones.

Paralelamente, la dimensión cultural actúa como herramienta de resistencia y cohesión. El festival de flamenco gitano que dirige José Heredia en Tenerife no solo funciona como un evento artístico de alcance nacional, sino como un vehículo para reivindicar la identidad histórica del colectivo. A través de la música, la familia vincula la tradición oral con los registros históricos de persecución que datan del siglo XVII, cuando figuras como María de Gracia o Gaspar Ortiz fueron procesadas por la Inquisición en Canarias. Esta herencia, que conecta el comercio ambulante histórico con la expresión artística contemporánea, subraya la complejidad de una identidad que, lejos de ser monolítica, se redefine constantemente frente a los sesgos sociales. La labor de esta familia, que abarca dos generaciones, ejemplifica el esfuerzo por transformar la percepción pública de un colectivo que, pese a su arraigo histórico, continúa reclamando su derecho a la plena participación ciudadana.