Vecinos del Mirador de Humboldt denuncian la persistencia de carreras ilegales y exigen mayor seguridad vial

Vecinos del Mirador de Humboldt denuncian la persistencia de carreras ilegales y exigen mayor seguridad vial

Recurso: Diario de Avisos

La Plataforma Vecinal Humboldt reclama medidas urgentes a los ayuntamientos de La Orotava y Santa Úrsula para erradicar las carreras ilegales que ponen en riesgo la seguridad vial en el entorno del Mirador de Humboldt.

La seguridad vial en el entorno del Mirador de Humboldt, situado en el Valle de La Orotava, ha vuelto a situarse en el centro del debate público tras las recientes advertencias emitidas por la Plataforma Vecinal Humboldt. Tal y como recoge este colectivo a través de sus canales oficiales, la persistencia de competiciones automovilísticas no autorizadas en esta zona de la red viaria insular ha generado un clima de inquietud entre los residentes, quienes reclaman medidas efectivas para garantizar la integridad física de los usuarios de la vía.

El malestar vecinal no es un fenómeno reciente, sino que arrastra una trayectoria de denuncias que se remontan, al menos, a una década atrás. Ya en 2014, los habitantes de núcleos cercanos, como Las Cuevas, alertaban sobre la frecuencia diaria de estas prácticas temerarias. La reincidencia de estos eventos ha llevado a la plataforma a cuestionar la eficacia de la coordinación institucional entre los consistorios de La Orotava y Santa Úrsula, instando a ambos gobiernos locales a implementar estrategias conjuntas que permitan erradicar definitivamente estas actividades ilícitas.

Desde una perspectiva de seguridad ciudadana, la problemática trasciende la mera infracción de tráfico. La realización de carreras ilegales en vías abiertas al tráfico convencional supone una alteración grave de la convivencia y un riesgo latente para la seguridad de los conductores y peatones que transitan por la zona. La demanda de los vecinos se articula, fundamentalmente, en torno al derecho a la movilidad segura, subrayando la necesidad de una mayor presencia de las fuerzas de seguridad y una vigilancia más rigurosa en los puntos críticos donde se concentran estas conductas de riesgo. La falta de una solución definitiva tras años de quejas pone de manifiesto la complejidad de controlar estos eventos, que suelen aprovechar la orografía y la baja densidad de tráfico nocturno para eludir el control de las autoridades.