
Mayor incautación de cocaína en el Atlántico destapa red turca
La mayor incautación de cocaína en alta mar (diez toneladas) en el Atlántico ha destapado la creciente implicación de redes turcas, lideradas por Naci Yılmaz y con ramificaciones en España, en el tráfico de drogas hacia Europa.
La reciente interceptación de un cargamento de diez toneladas de cocaína en el Atlántico, considerada la mayor incautación en alta mar hasta la fecha, ha puesto de manifiesto la creciente implicación de redes turcas en el tráfico de estupefacientes hacia Europa. Según ha trascendido, la operación, que tuvo lugar en enero a unas 500 millas de las Islas Canarias, desveló una sofisticada logística para introducir la droga, camuflada entre capas de sal, con destino al mercado canario y a diversas naciones europeas.
La Brigada Central de Estupefacientes de la Policía Nacional fue la responsable de la intervención del navío, un buque en desuso que realizaba su último trayecto. A bordo fueron detenidos trece tripulantes: siete de nacionalidad india, cuatro turcos y dos serbios, estos últimos señalados como los encargados de asegurar la entrega de la sustancia. La embarcación había partido de un puerto turco, se dirigió a aguas próximas a Brasil para cargar la droga frente a las costas de Fortaleza sin tocar puerto, y emprendió el regreso hacia Europa. El plan preveía una descarga cerca del Estrecho de Gibraltar, donde la cocaína sería transferida a narcolanchas para su distribución en el sur de la Península Ibérica, tras lo cual el buque retornaría a Turquía.
La presencia de cuatro ciudadanos turcos entre los arrestados en el "United S" no fue un hecho aislado. La investigación española tuvo una réplica inmediata en Estambul, donde la Fiscalía ordenó días después la detención de otra decena de individuos en seis provincias por su presunta vinculación con el alijo, valorado en 200 millones de euros. Entre los capturados en suelo turco destacan Çetin Gören y Ahmad Almassri, ambos sospechosos directos de la logística del transporte.
La operación ha destapado una compleja red con ramificaciones internacionales. La justicia turca ha emitido órdenes de captura internacional para al menos tres individuos más, entre los que figuran nombres conocidos por las autoridades españolas en la lucha contra el crimen organizado en la Costa del Sol. Ozan Toprak, presuntamente detenido en Dubái, y Naci Yılmaz, también conocido como Siirtli Naci o Speedy, son algunos de los señalados. Yılmaz es una figura de gran influencia en el tráfico de cocaína sudamericana y heroína de Oriente Medio, y se le vincula con el asesinato del abogado Serdar Öktem en Estambul, siendo considerado por algunos como sucesor de Urfi Çetinkaya, alias "el Paralítico" o "el Escobar Turco".
La posición de Yılmaz en la jerarquía del narcotráfico genera debate. Mientras en Turquía se le sitúa por debajo del neerlandés Joseph Johannes Leijdekkers, alias "Jos el Gordito", una autoridad en la entrada de cocaína en Europa que opera desde Sierra Leona y por cuya captura Países Bajos ofrece 200.000 euros, la Policía Nacional española tiene una visión diferente. Investigadores especializados en la mafia turca afirman que Yılmaz se encuentra en la cúspide de esta pirámide, descartando que el alijo del "United S", el mayor vinculado a un grupo turco, pueda ser ajeno a su influencia.
La sospecha de que Yılmaz pueda ocultarse con identidades falsas en la Costa del Sol, un destino que conoce bien, se sustenta en la presencia de varios de sus hombres de máxima confianza en la zona. Estos colaboradores cercanos, algunos de ellos en prisión o huyendo, residen y desarrollan actividades económicas en la región, incluyendo la gestión de un conocido restaurante en el puerto deportivo de Marbella, así como empresas de gestión inmobiliaria, exportación de alimentos y comercio de materias primas. Uno de estos empresarios es considerado por los investigadores españoles como el número dos de Naci y ha sido detenido en Turquía por su presunta conexión con la cocaína del "United S", actualmente atracado en Tenerife.
La llegada de estos grupos a España se sitúa entre 2017 y 2018, coincidiendo con la creación de muchas de sus estructuras empresariales. Se les describe como organizaciones herméticas e independientes, pero con sólidas conexiones con bandas potentes, como las holandesas o las que controlan la ruta de los Balcanes, un corredor histórico para el tráfico de drogas desde Oriente Medio. Este escenario subraya la evolución del crimen organizado transnacional y la posición estratégica de España como puerta de entrada de estupefacientes a Europa.