
Denuncian una peligrosa imprudencia náutica contra un submarinista en Adeje
La difusión de un vídeo que muestra a una embarcación de recreo ignorando la boya de seguridad de un submarinista en Adeje reabre el debate sobre la creciente inseguridad y las imprudencias náuticas en las costas canarias.
La seguridad en el litoral canario vuelve a estar en el punto de mira tras la difusión de una grabación en redes sociales, concretamente a través del perfil @attack.fishing, que documenta una maniobra de alto riesgo protagonizada por una embarcación de recreo en aguas de La Caleta de Adeje. Tal y como recoge esta denuncia pública, el navío transitó a gran velocidad sobre el perímetro de seguridad delimitado por la boya de un submarinista, una acción que pudo derivar en un desenlace fatal el pasado viernes, 21 de agosto.
Este incidente no es un hecho aislado, sino que se suma a una preocupante tendencia de imprudencias náuticas en el archipiélago. La gravedad de estas conductas adquiere una dimensión crítica al recordar el suceso ocurrido el pasado mes de junio en Radazul, donde un pescador submarino de 30 años resultó gravemente herido tras ser embestido por una embarcación, viéndose obligado a alcanzar la costa por sus propios medios tras sufrir la amputación de una extremidad. La recurrencia de estos episodios ha generado una corriente de opinión entre los usuarios que demanda una intervención más contundente por parte de las autoridades competentes, instando a la formalización de denuncias ante la Guardia Civil.
Desde una perspectiva normativa, el cumplimiento del Reglamento Internacional para Prevenir los Abordajes en la Mar es ineludible para cualquier patrón. Salvamento Marítimo recuerda que la presencia de boyas de señalización —habitualmente de colores vivos como el rojo o naranja— o el izado de la bandera 'A' del Código Internacional de Señales, impone una obligación de vigilancia extrema. La normativa exige mantener una distancia de seguridad mínima de 25 metros respecto a estos elementos, una regla básica de navegación que, de ser ignorada, transforma el ocio marítimo en una amenaza directa contra la integridad física de los buceadores. La falta de observancia de estas distancias no solo constituye una infracción administrativa, sino que pone en evidencia una carencia de cultura náutica que las autoridades tratan de mitigar mediante campañas de concienciación y vigilancia activa.