
Ramiro Blas estrena en Tenerife su monólogo "Ramón, el trauma del león" como reivindicación de la autenticidad actoral
El actor argentino Ramiro Blas presenta su nuevo monólogo, Ramón, el trauma del león, el próximo 12 de abril en el Café Teatro Rayuela de Tenerife, una obra que reivindica la autenticidad interpretativa frente a la automatización audiovisual.
El panorama interpretativo actual, marcado por la creciente automatización de los contenidos audiovisuales, encuentra en el teatro un refugio de autenticidad donde la vulnerabilidad del actor se convierte en el eje central de la experiencia artística. Tal y como recoge Diario de Avisos, el actor argentino Ramiro Blas, afincado en España desde 2006, ha decidido canalizar esta búsqueda de verdad escénica a través de su nuevo proyecto unipersonal, Ramón, el trauma del león.
La obra, que llegará al Café Teatro Rayuela de Santa Cruz de Tenerife el próximo 12 de abril a las 19:00 horas, supone un punto de inflexión en la trayectoria del intérprete. Tras una etapa marcada por la encrucijada profesional de rechazar papeles estereotipados —una decisión que le llevó a un periodo de inactividad forzosa—, Blas ha optado por la autogestión creativa. Este monólogo, coescrito junto a Angie Cortejosa y cuya puesta en escena ha sido pulida bajo la dirección de Toni Cairós, se aleja de las convenciones del teatro comercial para explorar la sanación personal a través de la memoria y el dolor, elementos que el autor considera universales y capaces de trascender las barreras culturales.
La propuesta se enmarca en un momento de intensa actividad para el actor, quien actualmente participa en el rodaje de Golpes a mi puerta, largometraje dirigido por Patricia Ortega con guion de Nicolás Giacobone y Cecilia Libster. Esta producción, que trasladará próximamente su set de filmación a las Islas Canarias, sirve como contrapunto a la intimidad del escenario tinerfeño. Para Blas, la transición entre el cine y el teatro no altera su metodología de trabajo, basada en la construcción de personajes desde una carga emocional profunda, una técnica que ya aplicó en producciones televisivas de gran calado como Vis a vis.
Más allá de la anécdota profesional, el caso de Blas pone de relieve la precariedad estructural que afecta a una gran parte de la profesión actoral, donde la estabilidad económica es una excepción estadística. La apuesta por el teatro, en este contexto, se presenta no solo como una necesidad expresiva, sino como una reivindicación del "artesano" frente a la despersonalización de las plataformas digitales. Con esta pieza, el intérprete busca establecer un diálogo directo con el espectador, transformando el escenario en un espacio de introspección colectiva que, según su visión, constituye el futuro de las artes escénicas frente a la hegemonía de la inteligencia artificial.