
Un mural de Quevedo en un hotel abandonado de Tenerife se convierte en icono cultural
Un mural del artista Beto en el antiguo Hotel Neptuno de Tenerife rinde homenaje a Quevedo, transformando una estructura abandonada en un símbolo de identidad cultural y regeneración urbana.
La irrupción de Quevedo en la escena musical global no solo se mide en cifras de reproducción o en la celeridad con la que agota el aforo de sus recintos, sino también en su consolidación como un icono cultural dentro de su propia tierra. Tal y como recoge la información difundida recientemente, el fenómeno que rodea al artista grancanario ha trascendido el ámbito sonoro para materializarse en el espacio público, concretamente a través de una intervención artística de gran formato en Tenerife.
El antiguo Hotel Neptuno, ubicado en la localidad de Bajamar y actualmente en situación de desuso, ha servido como lienzo para un mural que rinde tributo a la estética de su último proyecto discográfico. La obra, ejecutada por el creador urbano Beto —quien ha documentado el proceso creativo en sus perfiles digitales, logrando una notable repercusión con miles de interacciones—, integra elementos identitarios del archipiélago. El diseño combina la representación del músico junto al animal que da título a su álbum, empleando una paleta cromática inspirada en la bandera regional, además de incorporar la simbología de las ocho estrellas y la pintadera prehispánica.
Este tipo de intervenciones sobre estructuras arquitectónicas abandonadas plantea, a menudo, un debate sobre la gestión del patrimonio y la regeneración urbana. Mientras que el arte urbano se consolida como una herramienta de visibilización cultural, el caso de Bajamar pone de manifiesto la capacidad de las figuras mediáticas actuales para reconfigurar el paisaje visual de las islas, convirtiendo ruinas olvidadas en puntos de referencia para una generación que encuentra en estas manifestaciones un sentido de pertenencia. La viralidad del vídeo que detalla la creación del mural subraya, en última instancia, cómo la simbiosis entre la música urbana y el arte callejero actúa como un potente vehículo de identidad regional en la era de la hiperconectividad.