
Vecinos y artista se unen para recuperar el histórico mural de Punta Brava en Puerto de la Cruz
La comunidad de Punta Brava, en el Puerto de la Cruz, impulsa junto al artista Salvatore Cibelli la recuperación de un emblemático mural vecinal dañado por obras urbanísticas, reivindicando el arte urbano como un símbolo de identidad y resistencia social.
El arte urbano en Canarias ha dejado de ser una mera intervención estética para consolidarse como un elemento de cohesión social, una realidad que queda patente en la reciente controversia sobre el mural de Punta Brava, en el Puerto de la Cruz. Tal y como recoge la información publicada recientemente, esta pieza, ejecutada en 2009 por el creador italiano Salvatore Cibelli, se encuentra en un proceso de recuperación impulsado por la propia comunidad, tras años de abandono y daños derivados de la gestión urbanística en la zona.
La relevancia de esta obra trasciende su valor plástico. Fue el primer exponente de arte mural a gran escala en el municipio, adelantándose en un lustro a las iniciativas institucionales que posteriormente convertirían al barrio de La Ranilla en un referente museístico al aire libre. Sin embargo, a diferencia de los proyectos dirigidos desde la administración, el mural de Punta Brava surgió de una necesidad vecinal: la recuperación de un espacio degradado en la fachada de la antigua vivienda de Doña Carmen, una figura local recordada por su vinculación con el vecindario.
El deterioro actual de la obra no responde únicamente a la erosión natural provocada por la salinidad y la humedad, factores que el autor ha gestionado históricamente con intervenciones periódicas. El conflicto se agudizó a partir de 2015, cuando las obras de infraestructura en la calle Tegueste y la posterior reforma integral del paseo marítimo, concluida este verano, dificultaron el acceso al muro. Según denuncia el artista, la instalación de equipamiento eléctrico sobre la superficie pictórica durante estas obras supuso una agresión directa al patrimonio vecinal, ejecutada sin consulta previa a los residentes ni al autor.
Ante este escenario, Cibelli ha optado por una reinterpretación de su propia obra. El diseño original, que representaba una platanera —símbolo elegido por los mayores del lugar para rememorar el pasado agrícola de la zona—, se integra ahora con una nueva narrativa visual que incorpora un almacén de pescadores sobre la estructura eléctrica. Esta labor de restauración, que ya ha comenzado, se enfrenta ahora a una limitación técnica: la necesidad de andamiaje profesional para alcanzar los cinco metros de altura y garantizar la seguridad laboral, una petición que actualmente está siendo evaluada por las concejalías de Servicios Generales y Participación Ciudadana.
Este episodio pone de relieve la fragilidad del patrimonio emocional frente a la planificación urbanística. La persistencia de los vecinos de Punta Brava por recuperar este rincón, que durante años funcionó como un punto de encuentro y un reclamo para el turismo, subraya la importancia de la participación ciudadana en la gestión del espacio público. La intervención de Cibelli, más allá de la técnica pictórica, se ha convertido en un ejercicio de resistencia comunitaria, donde el arte actúa como el hilo conductor que preserva la identidad histórica de un barrio frente a la transformación del entorno urbano.