El silbo gomero recibe al Papa en su histórica visita a San Cristóbal de La Laguna

El silbo gomero recibe al Papa en su histórica visita a San Cristóbal de La Laguna

Recurso: Diario de Avisos

La visita papal a San Cristóbal de La Laguna integró el silbo gomero como un símbolo cultural para anunciar el recorrido del pontífice por la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

La visita de León XIV a San Cristóbal de La Laguna ha dejado una estampa singular que trasciende el protocolo eclesiástico habitual. Tal y como recogen las crónicas locales, el recorrido del pontífice por las calles de esta ciudad tinerfeña, declarada Patrimonio de la Humanidad, estuvo marcado por la integración del silbo gomero, una manifestación comunicativa ancestral que, al igual que el casco histórico lagunero, ostenta el reconocimiento de la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial.

Bajo el título ‘Dos Patrimonios Hermanados’, la iniciativa buscó trasladar el mensaje pastoral del viaje, “Alza la mirada”, mediante una técnica de transmisión sonora histórica. Lejos de constituir un espectáculo programado, los organizadores —entre los que figuran el silbador Rogelio Botanz, la Asociación Cultural Silbo Gomero, el consistorio local y entidades eclesiásticas— definieron la acción como un ejercicio de identidad cultural. La logística permitió que diversos expertos en este lenguaje silbado se posicionaran en enclaves estratégicos, tales como la Farmacia Viana y la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, recreando la cadena de comunicación que históricamente permitía salvar distancias geográficas en la isla de La Gomera.

Este despliegue simbólico subraya la relevancia de la visita papal, la primera de un pontífice a la isla, al vincular la tradición oral canaria con el acontecimiento institucional. La elección del silbo no fue casual: se empleó como un vehículo para difundir la llegada del líder religioso, emulando la función social que este lenguaje cumplía en el pasado para anunciar eventos de trascendencia. La respuesta de la ciudadanía, que acompañó el trayecto con muestras de fervor, terminó de integrar esta práctica vernácula en el marco de una jornada histórica para el archipiélago, donde la preservación del legado inmaterial se entrelazó con la agenda oficial de la visita.