
La visita del Papa a Las Raíces pone el foco en la crisis migratoria en Canarias
La visita del Papa al centro de acogida de Las Raíces en Tenerife ha puesto el foco en la crisis migratoria de la ruta atlántica, reclamando una gestión humanitaria que priorice la dignidad y la integración de los migrantes frente a las políticas institucionales.
La visita del pontífice al centro de acogida de Las Raíces, en Tenerife, trasciende el protocolo eclesiástico para situarse en el epicentro del debate sobre la gestión migratoria en la frontera sur europea. Tal y como ha trascendido en las últimas horas, el encuentro ha servido como altavoz para una realidad que, a menudo, queda diluida en las estadísticas oficiales: la de las miles de personas que, tras sobrevivir a la travesía atlántica, aguardan en las islas una oportunidad de integración.
El acto, que contó con la presencia de la ministra de Migraciones, Elma Saiz, y el obispo de Tenerife, Eloy Santiago, puso de relieve la capacidad operativa de estas instalaciones, que desde su apertura han gestionado la atención de más de 70.000 personas. El director del centro, Ernesto Mayoral, subrayó la labor de los profesionales que sostienen este recurso, cuya relevancia histórica quedó patente durante la crisis de 2021, cuando el recinto llegó a albergar a más de 4.000 individuos simultáneamente.
Más allá de las cifras, la jornada estuvo marcada por los testimonios de los residentes. Representantes de la población migrante, como el joven nigeriano Taiwo Oluwatobi, articularon un discurso centrado en la dignidad humana y el derecho a la movilidad, instando a que las políticas migratorias no reduzcan a los individuos a meros expedientes administrativos. La petición fue clara: el acceso a la educación y la posibilidad de una vida autónoma frente a la estigmatización de las fronteras.
El pontífice, que optó por el francés para dirigirse a los presentes, vinculó el nombre del centro, "Las Raíces", con la necesidad de preservar la identidad y la memoria de los orígenes, citando el legado de su predecesor, Francisco. Este gesto simbólico buscó dotar de una dimensión más personal y directa a una visita que, en el contexto actual de las Islas Canarias —puerta de entrada de una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo—, refuerza la presión sobre las instituciones para que garanticen condiciones de acogida que superen la mera subsistencia.
La presencia de la autoridad vaticana en un enclave caracterizado por el constante tránsito aéreo y la convivencia de diversas lenguas africanas ha servido para visibilizar, una vez más, la brecha entre la realidad de quienes buscan refugio y las respuestas políticas que, desde el continente, intentan gestionar un fenómeno estructural que, lejos de ser coyuntural, define la geopolítica del siglo XXI.